Narcos, la vida desde afuera

 

Por: Ernesto Sánchez 

narcos-1En una época donde es común la exaltación de la figura del narcotraficante en bestsellers, horario estelar de t.v. abierta y series de streaming, no resulta difícil imaginar que Netflix también apostaría por un contenido que estaba acaparado por un “mercado nacional”. Narcos,  una serie creada en 2015 por Carlo Bernand, Chris Brancato y Doug Miro, surge un poco antes de que  Televisa sacara sus programas de la plataforma de Netflix para construir otra que le haga competencia: Blim; la cual, seguramente, se llevará a un contingente significativo que odia, o le cuesta trabajo, leer subtítulos, o están casados, irremediablemente, con el formato simplón que Televisa ha forzado en la población.

Ahora bien, la apuesta por una serie que se enfoca en la vida de Pablo Escobar parecía arriesgada, pero el modo en que se aborda hace que la serie no sea una mera replica de lo que estamos acostumbrados a ver en series de temas similares. Para ello, los creadores hicieron que la perspectiva de Steve Murphy (Boyd Holbrook), agente de la DEA en Colombia, fuera el eje rector. Así, los capítulos mezclan fotos del archivo original de Pablo Escobar con una voz en off que relata desde afuera episodios significativos de su biografía; no obstante, la mayoría del peso cae en las actuaciones.

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A la par del personaje principal, se encuentra el desenvolvimiento de otras historias que reflejan, a su vez, una arista de una realidad asociada al narco. La vida turbulenta en la que se introduce el agente Murphy al llegar a Colombia, y de la que su compañero Javier Peña (Pedro Pascal) es todo un experto, nos dibuja un panorama de corrupción y servicio al mejor postor. Un maquinaria que funciona a base del dinero que maneja el narco y que arrasa todas la esferas de la política, y encuentra su contrapeso en los agentes que la combaten a partir de principios casi olvidados como el Coronel Horacio Carrillo (Maurice Compte), el cual no teme cruzar la línea de los mismos principios que defiende con tal de acabar con lo que él considera la única amenaza que azota Colombia;  o bien, César Gaviria (Raúl Méndez), el cual se ve arrastrado, casi por azahar, primero como candidato presidencial y después como presidente al mar de violencia e incertidumbre que su posición le otorga.

 A todo esto se suma la participación del gobierno estadounidense en las acciones de que se desenvuelven en tierras extranjeras, lo cual, desde mi punto de vista es uno de los grandes aciertos de esta serie. El poder que se desprende desde el país del norte y las prioridades que éste tiene, en muchos casos determinan el futuro de las sociedades en las que se ve involucrado; pero, hay que ser claros, aquí no se presenta en el papel de héroe que se ha querido adjudicar históricamente, sino, más bien, en el de un accionista descarnado que poco le importan las consecuencias de sus acciones siempre y cuando sea él el beneficiado.

narcos-tataPor otro lado, un papel fundamental para el esbozo que hace Narcos de la figura de Escobar es el su esposa Tata (Paulina Gaitan), pues a partir de su relación es donde los matices más humanos y sinceros del hombre se ven con más claridad. Sin embargo, del mismo modo que sirve como justificación para su encumbramiento y avaricia de poder, el personaje de Tata también es el que provoca su caída, y deja claro algo: en el mundo del narcotráfico no hay espacio para cosas que te hacen vulnerables, como el amor.

A pesar de contar con actuaciones de alto nivel, la que más destaca de entre éstas, por mucho, es la del personaje de Pablo Escobar, representado con maestría por el actor brasileño Wagner Moura. Pues, entre la actuación y el formato en que se maneja la vida de Escobar, lo que queda es un aire siniestro que mezcla diferentes aristas de un personaje demasiado complejo. Así, el padre de familia, esposo devoto, que está consciente de la desigualdad que azota al pueblo de Colombia, se intercala con un hombre violento, venido de abajo, capaz de hacer cualquier cosa por mantenerse en el poder. En este sentido, la sensación que este personaje emana es más similar a aquellos gansters neoyorquinos de Goodfellas o al nuevo prototipo de narco que propuso Walter White, en la aclamada serie Breaking Bad, que a cualquier otra serie producida por Televisa (ya sea El Cartel de los Sapos, La Reina del Sur o El Señor de los Cielos).

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En sus dos temporadas, Narcos relata la historia del Capo de capos, desde sus primeras intervenciones en el mundo de fayuca, pasando por su estancia en La Catedral (prisión construida por él, una vez hecho un pacto con el gobierno), la fuga, la persecución y caída final. 20 capítulos que esbozan la vida de Escobar, y que gracias al formato empleado crean la ilusión de acercarse, casi peligrosamente, a la mente de una de los personajes más violentos e intrigantes del siglo XX.

Ahora, con dos exitosas temporadas, Narcos dio por concluida la fase que se centra en Pablo Escobar, pero ha quedado abierta para seguir los pasos del cártel que tomó el poder cuando éste murió: el de Calí. Sin duda, esta nueva incursión, encabezada por el actor Damián Alcázar, tampoco nos defraudará.

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