Miami [Un]plugged

 

Por: Xalbador García

miami_unplugged_600-x-900-280x420Cuando se llega de un país hispanoparlante a Miami lo complicado no es saber inglés, sino el conocimiento que se tenga del español. Los matices que el castellano muestra en el estado del sol parecen inauditos. Por lo menos me llevó mes y medio comprender el lenguaje de los viejos en las filas de Navarro. Juraba que hablaban alguna lengua de Europa del Este hasta que uno se me aceró y me dijo sin conocerme: “aserequébolá”. Yo ya había estudiado dos años de cubano con Dainerys pero, como casi siempre sucede, la realidad se impuso a la teoría.

Si relacionarme con el cubano resultó difícil con todo e introducción previa, los primeros miami-unpluggedacercamientos al colombiano, peruano, guatemalteco, hondureño, venezolano, argentino y al español de España fueron pruebas complicadas que la ciudad me imponía a cada momento. A los gringos los puedes despachar con frases hechas que aprendes en los cursos de inglés o en Black Mirror. En cambio con los latinos tienes que entablar conversaciones extrañísimas que pueden empezar con un simple: “¿Y entonces…?”

La babel castellana que encontré entre el sol, las playas y los convertibles me permitió comprender la riqueza de la hispanidad, a pesar de que las últimas políticas de Trump hagan dudar del poder hispano en Estados Unidos. Si existe una capital iberoamericana en el mundo, esa es Miami. Se trata de un espacio que muestra siempre un rostro hermoso, pero cuya belleza está montada sobre rincones tan oscuros como sórdidos. La combinación entre una y otra vereda ha seducido, por décadas, tanto a turistas como a cosmopolitas, tanto a criminales como a artistas, tanto a empresarios como a escritores.

Este panorama inaudito es el que Suburbano Ediciones presenta en Miami [Un]plugged, una antología de ensayos y crónicas de autores miamenses, es decir, de autores de todos los rincones de la hispanidad que han encontrado un hogar en las costas del sur de Florida. La alineación de primer nivel internacional se encuentra compuesta por Luis de la Paz, Rodolfo Pérez Valero, Anjanette Delgado, Pablo Cartaya, Raquel Abend Van Dalen, José Ignacio Valenzuela, Lourdes Vázquez, Carlos Pintado, Camilo Pino, Gastón Virkel, Carlos Gámez Pérez, Héctor Manuel Castro, Grettel Jiménez-Singer, Andrés Hernández Allende, Daniel Shoer Roth, Gabriel Goldberg, Enrique Córdoba, Jaime Cabrera González y Juan Carlos Pérez-Duthie.

Cada uno de los involucrados narra su relación con Miami, por lo que el libro ofrece un gran abanico de temas, situaciones, experiencias, que sin duda enriquecen la mirada sobre esta región, alejada de clichés ligados a la superficialidad. Los textos van desde la muerte de Bob Marley en estas mismas playas, hasta la vida del Premio Nobel Isaac Bashevis Singer que, por su desconfianza senil, llegaba todos los días en limusina a sus clases de escritura creativa en la Universidad de Miami.

A la par, en el libro se presentan revanchas personales, robos de bicicleta, mudanzas que tienen a la serie de Miami Vice como motor primigenio. También abundan las historias criminales de Al Capone y de narcos sudamericanos que igualmente disfrutaron del encanto de la ciudad. Historias sobre la televisión hispana hecha desde estos lares, de encuentros generacionales en medio de la nostalgia, y de catástrofes por venir que harán que, como buena rockstar, Miami muera joven.

Historias de migración, de flores, de música, de dolor y de muerte. Historias de viaje, de sueños, de ilusiones, de amor y encuentros con una literatura, viva y vibrante, en medio del sol, las tiendas de diseñador y los cuerpos fitness. Sí, aquí, en este lugar paradisíaco donde se supone que el arte y la literatura deben de estar excluidos porque no encajan con el maquillaje del ambiente, pero que con Miami [Un]plugged se demuestra que las letras miamenses, tan diversas como sus habitantes, son una realidad cosmopolita por naturaleza.

El autor argentino Hernán Vera Álvarez y el escritor peruano Pedro Medina León son los encargados de la antología que puede adquirirse en todo el mundo por medio de la siguiente dirección: http://suburbano.net/. Vera y Medina, junto a Gastón Virkel y Andrés Pi Andreu, también son los artífices del movimiento literario en español más importante de las últimas décadas en Estados Unidos y que bajo la rúbrica de “Grupo SEd” amagan con cambiar por completo el panorama internacional de las letras en castellano, como ya pasó en la Barcelona de los años sesenta. De Miami para el Mundo.

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Rita, cuando lo malo es bueno

Por: Ernesto Sánchez

MV5BOTk2NjAzMzQ1Nl5BMl5BanBnXkFtZTgwNzE1MzgxMDE@._V1_UY1200_CR91,0,630,1200_AL_.jpgTres veces me han pedido ser padrino de bautizo y dos veces padrino de primera comunión; las cinco veces he declinado respetuosamente la sugerencia. El motivo es sencillo: creo que ser un guía moral, de quien sea, es una de las responsabilidades más grandes que se te puede pedir. Sobre todo cuando el consejo que se puede ofrecer acarrearía más problemas que beneficios para los pequeños, pues reniego en seguir muchas de las reglas establecidas por la sociedad, ya sea por ridículas, arcaicas o inconvenientes. Lo que para mí sirve, para ellos podría ser motivo de rechazo por parte de sus compañeros, padres o maestros. Y desde este punto de vista, no hay forma de estar correcto.

Rita, personaje central de la serie danesa del mismo nombre, es una maestra y madre que se distancia del prototipo que la sociedad acepta. No debe extrañar esto, pues ser mal hablada, respondona y sexualmente sin ataduras, refleja, en el contexto (demasiado) puritano en el que vivimos, una mujer promiscua que se ha desviado del “buen camino”. Sin embargo, Rita nos muestra esa faceta de una mujer libre; libre de decir lo que piensa, de contestar cuando no está de acuerdo y de tener una sana vida sexual libre del “qué dirán”, cuestionamiento que pone freno a la mayoría de las decisiones que enfrentamos en la vida cotidiana.

El creador de la serie, Christian Torpe, que estrenó en 2012 en TV2 de Dinamarca, y que ahora está en la plataforma de Netflix, apostó todo por su personaje principal, interpretado por una excelente Mille Dinesen, pues aunque la trama es relativamente sencilla: situaciones que suceden en el salón de clases de una escuela pública y en la sala de la casa de su protagonista, es el desenvolvimiento de una personalidad complicada (y que parece estar clara y resuelta para el resto de los personajes) lo que apela al espectador de una manera adictiva.

Ser madre soltera de tres hijos, dos mayores de edad y otro por salir de la adolescencia (y del clóset), y maestra con métodos demasiado atrevidos tanto para el consejo escolar como para los padres, van esbozando las capas más sensibles de una mujer que se caracteriza por promocionar su áspera coraza. Pues, si la vida personal y la académica siempre están en conflicto, los sucesos, por simples que parezcan, son motivos para las reflexiones más extraordinarias (pero no por eso innecesarias). Esto a pesar de que una escuela pública en Dinamarca no tiene punto de comparación con las mexicanas o norteamericanas, donde su equiparación sería un colegio privado del más alto costo; o bien, que el salario de maestra es suficiente para vivir en lo que yo consideraría una mansión (y aquí no escondo ni poquito la envidia que esto me causa por los profesores daneses).

Así, el contexto en que la historia se desarrolla sólo refuerza que hay situaciones que son universales, y que muchas veces, por carecer del valor necesario, hemos dejado que se propaguen hasta convertirse en un modelo. Combatir (verbo del todo apropiado) esta degradación es uno de los rasgos distintivos que la serie plantea.

Por otro lado, sentirse identificado con una protagonista como Rita no es difícil, el carisma de este tipo de personajes lo hemos visto en otras series, sólo que con protagonistas masculinos (por ejemplo, Hank, de Californication) que también se catalogan como libertinos o renegados y que siempre están fuera del margen aceptado por la sociedad, pero que, una vez diseccionados por la cámara, muestran un lado humano vehemente. Como aquellos, Rita nos ofrece una visión que está en retroceso (por no decir en extinción) de valores que se superponen a la norma, pues hace énfasis en que ser malo a veces es bueno, sobre todo porque la mayoría de las veces lo bueno es más una reacción automática que una decisión pensada.

 

 

No más torta de cochinita pibil

mutacionesPor: Luis Felipe Pérez Sánchez

Jorge Comensal se estrena como novelista con Las Mutaciones publicada por Antílope, un esfuerzo editorial independiente, donde se explora el impacto y el estertor, las consecuencias y los trastornos de la presencia de la enfermedad en una familia como la de Ramón Martínez, un abogado, ateo y patriarca convencional. El libro presume en esta primera edición una portada de Alejandro Magallanes.

El extrañamiento reside en quitarle la normalidad a la vida de los personajes de esta trama. La premisa es que Ramón Martínez ha sido un elocuente litigante y comensal opíparo hasta el momento en el que pierde estos dos atributos por padecer una inflamación de lengua que guarda un diagnóstico terrible.

Como dice Juan pablo Villalobos, Las mutaciones, tejida a partir del cáncer de uno de los personajes y sus ineludibles consecuencias, es “un ejercicio especulativo implacable”, una indagación a partir de la noticia de lo incurable. Puestos al límite, los personajes se ven en el proceso de la compasión, de la incredulidad, el pasmo y la perplejidad ante lo inexplicable y lo irremediable. Ante el dolor ajeno y el propio, la degradación de varios órdenes: una tragedia.

Pero Comensal es un narrador de prosa tan intensa como cuidada que debate los dilemas morales y los tabúes que enmarcan la omnipresente desgracia con un tono irónico, la distancia inteligente. Asistir a sus Mutaciones es un proceso de reconocimiento. Exhibe la condición humana con aristas a salvo de maniqueísmos. Deja en el lector la conciencia de esos estertores que alcanzan al más indiferente. Nos incluye en el mundo del enfermo y de los médicos, los familiares y los allegados. Dota de verosimilitud con una autoridad de científico cada pasaje de la trama correspondiente al parte médico, cada vez más irremediable. Aporta un exquisito mapa de platillos culinarios que provoca la tensión necesaria para experimentar la anunciada situación de la imposibilidad de consumar las rutinarias labores más elementales como la de hablar o comer.

Amalgama todo esto con un humor negro que nos deja con la sonrisa kirkergardiana en los labios. No es una risa sino un gesto risueño que nace debido al humor y al sarcasmo elegante de Comensal para proponer cada parte de la trama. No es un gesto risueño del todo, es su mutación hacia una mueca irónica que revela nuestra estupefacción por reír ante lo que habitualmente se llora. Es una experiencia que incluye cierto rubor por reír sin saber muy bien por qué de lo serio.

Su personaje principal se ve encerrado y el lector acude a ese mundo que de súbito se tiñe de silencio. Todo se transforma. El parlachín y glotón muta a un asceta y flemático, por mencionar un ejemplo cualitativo en la trama.

Deja ver, a través de cuadros simultáneos qué sucede con cada uno de los habitantes de esta novela. Aprieta los nudos de la historia con hilos conductores como el psicoanálisis, el cáncer, ese monstruo de nuestros tiempos, la comida y el trajín consuetudinario que se degrada hasta hacerlo agotador y angustiante.

Pero de Comensal, que inaugura su incursión en la novela con Las Mutaciones, se puede decir que nos implica en su pensamiento literario. Propone una exploración sugerente. Es explicativo y preciso, puntual y moroso también, nos hace tomar conciencia y exigirle al pensamiento propio un grado de análisis y orden fundamental para la observación de los fenómenos; pareciera que disfruta el ritmo pujante, de intensidad y constancia, como si se tratara de una composición musical de Händel. Construye con estructura y exige al lector estar cerca, preguntando ¿qué más?, como si se fuera un riguroso preguntón o un curioso irredento. La escritura de Comensal guía con la nitidez de cada párrafo preparado para engarzarse como si imitara el modelo de la maquinaria de un reloj londinense.

 

Backstrom

 

Por: Ernesto Sánchez

captura-de-pantalla-2017-01-16-a-las-11-37-30-a-mHay figuras tan desgastadas que parecería que nadie tendría el descaro de volver a desarrollar una historia empleándolas. Una de esas figuras, sin duda, es la del detective alcohólico que deambula por la vida haciendo comentarios misóginos y despreciando absolutamente todo en los que los demás encuentran algún asomo de dicha o alegría. Sin embargo, la industria está plagada con programas y películas que emplean este tipo de personaje como eje principal de su trama. No debe de sorprender que la mayoría de las veces éstas se encuentren destinadas al fracaso.

Backstrom, serie creada por Hart Hanson y desarrollada en 2015, ahora se encuentra en la plataforma de Netflix, pero con sólo una temporada en su haber tal vez se descubra dentro de esta pesimista estadística. Sólo que, a diferencia de muchos de los intentos fallidos, se puede asegurar que Backstrom, por lo menos, no cayó por una mala actuación de su personaje principal.

Rainn Wilson, que en otrora fuera un personaje icónico de la serie The office, regresa en esta propuesta para encarnar un personaje radicalmente diferente a Dwight Schrute: el detective Emerett Backstrom. Un acierto por parte de la producción que compensa en varios sentidos faltas bastante evidentes en tanto temática o argumentos desarrollados en los trece capítulos de su única temporada.

Sin embargo, un serie no puede sostenerse, o no por mucho tiempo, en la actuación de sólo uno de sus personajes. Sobre todo cuando la figura que éste encarna tiene un carácter abrumador. Por eso Dr. House tiene a Wilson y un séquito de doctores que permiten desahogar al personaje principal con historias alternas; por eso Sherlock (en todas sus presentaciones) tiene al fiel y más ingenuo –aparentemente– Watson. Acá, el detective Backstrom se echa a los hombros el programa, con actuaciones planas de los personajes secundarios (con excepción de algunas intervenciones de Thomas Dekker, Valentine en la serie)  y casos que carecen de intriga y llegan a ser un insulto para la inteligencia de cualquier televidente.

No obstante, la corta duración juega a favor de una serie que de haber continuado sería catalogada como un fracaso rotundo. Esto por la actuación sobresaliente de Wilson, el cual lleva la lucha interna del personaje con una aparente sencillez que permite apreciar los distintos estratos de un individuo que está lidiando con los obstáculos que su propia personalidad ha causado. Sólo por el desenvolvimiento de este personaje, atrapado en un círculo vicioso bastante humano, vale la pena enfrentar los demás inconvenientes que presenta la serie.

Los enanos, una insurgencia en marcha

Al menos huellas

Los enanos, una insurgencia en marcha

Por: Tobías Albero

 

captura-de-pantalla-2017-01-16-a-las-11-32-31-a-mAlberto Olmos firma un reseña de la novela finalista del Premio Herralde 2016, Amores enanos, de Federico Jeanmaire, que titula “Los enanos dominarán la Tierra haciendo striptease: la novela más divertida del año” (http://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2016-12-21/los-enanos-dominaran-la-tierra-haciendo-striptease_1306750/) Dejando a un lado la habitual sagacidad del crítico español, reparo en el primer término del título: “Los enanos dominarán la tierra”. Desde el punto de vista de lo políticamente correcto, la referencia a la enanez pude resultar una desconsideración no exenta de agresividad, casi ofensiva en caso de que no serlo plenamente. Pero algo pasa con lo enanos. Quizás el título es más alarmista de lo que aparentemente nos regala la realidad. Pero todo indica que es una apariencia.

Uno no puede fiarse nunca de los enanos, entre otras cosas, porque son apenas perceptibles, pero que no sean observables no quiere decir que no existan. Y, como existen, son una amenaza real aunque, acaso, velada. A lo mejor por ello no nos percatamos de la envergadura de la amenaza. De ningún modo afirmo que todos los enanos sean iguales o que el hecho de que alguien tenga escasa estatura lo ubica inmediatamente dentro de la especie de los enanos. No, no es sólo una cuestión de tamaño, ni siquiera es condición necesaria, pero ayuda mucho. En lo personal, me siento incómodo a la hora de tratar este asunto porque podría dar la impresión de que soy intolerante con quienes son diferentes como si yo no lo fuera para los demás; de hecho me molestaría mucho no ser sólo diferente para los demás sino para todos los demás. Yo no soy de los que se ríen o gastan bromas de mal gusto o me apunto al humor fácil a propósito de quienes, por ejemplo, tienen un ojo vago o estrávico con los que en lugar de conversar jugamos al pin-pon en la ilusión de que sostenemos una amena conversación, y no voy a decir que esos encuentros no me dejan agotado de tanto y tanto bote y rebote; tampoco hago chistes sobre tullidos que tratan de disimular su defecto con inverosímiles marometas propias de una función del Cirque du Soleil; mucho menos voy a aludir a los afroamericanos, antes conocidos como morenos y mucho antes como negros, y mañana quién sabe cómo. Con todo, ninguna de estas abrumadoras minorías se han constituido en la severa amenaza que representan los enanos. Quién sabe cuándo y cómo comenzó esa insurgencia silenciosa allá, en los confines de la Tierra Media, a la vista de nadie y ante la indiferencia de todos. No es una cuestión de estatura aunque ayuda. Dentro de los enanos hay diferentes tribus que despliegan una rica diversidad dentro de la especie.

La verdadera amenaza la representan los enanos perfectos o esféricos; aquellos que lo son se les mire por donde se les mire. El enano perfecto es aquel en quien coincide una reducida estatura con una escasa inteligencia o, para ser más precisos, un tamaño menguado con una oligofrenia indisimulable. Expulsados incluso de la Tierra Media y obligados a desplazarse más allá, acostumbran a levantar su leyenda a partir de infundir lástima en los demás, erigiéndose en representantes del hombre hecho a sí mismo con difíciles comienzos en que predominan los trabajos manuales, como alfareros, jardineros, panaderos, serenos o cajeros. Su trayectoria nació torcida, de modo que en su origen, a sus ojos, está su vergüenza. Al resentimiento de especie se añade también el de clase social.  La frustración y el rencor operan como directrices morales. Sin cuerpo y sin alma, se reivindican ante los demás apelando a una inteligencia que sólo ellos advierten frente a la perplejidad de los otros.

El tamaño claro que importa, puesto que siempre obran por la espalda a pesar de que si lo hicieran abiertamente tampoco serían detectados; pero en su obrar ladino –propio del descastado- revelan su verdadera estatura moral correspondiente a la de su tamaño físico e intelectual. El enano perfecto es servil y clientelar puesto que sólo puede vivir por otro y necesita de los otros para ser. Por eso no puede construir intelectualmente nada puesto que su verdadera actividad es comerciar y traficar. Con frecuencia, el enano perfecto juega a las casitas como si fuera dueño de un condominio de hongos allá en su tierra natal: compra y vende hongos, renta hongos no pagados para que los paguen inquilinos desprevenidos, se traslada cuatro o cinco veces de domicilio en pocos meses para dotar de aventura a su vida, trafica con recién conocidos para rentarles alguno de sus hongos en plan buena onda. El enano perfecto incapaz de proponer nada tampoco deja que otros propongan. El enano perfecto, si se dedica a la literatura, lo más normal es que se vuelva parásito de un autor al que cita venga o no venga a cuento. Habitualmente el escritor al que se dedican suele ser renombrado porque a los enanos esféricos les impresiona la cantidad y el volumen. Es normal y predecible: el autor en cuestión ocupa u ocupaba un espacio físico reconocible, mientras que el enano perfecto sólo lo puede ocupar en tanto que parásito de ese escritor. El enano perfecto prefiere administrar la vida de otro en lugar de vivir la suya. Nada más natural porque su fondo es el de la inseguridad y el sinsentido. El enano perfecto es resentido, acomplejado e inseguro y, por lo mismo, soberbio, vanidoso y presuntuoso, en otras palabras, un esperpento. Los enanos son un peligro inminente como advierte Olmos y su insurgencia en marcha amenaza a la vuelta de la esquina.

La canción del Hada Verde. El ajenjo en la literatura mexicana (1887-1902), de María Emilia Chávez Lara

 

 

Por: Dayna Díaz Uribe

A la memoria de Luis Alberto Arellano,

mi Virgilio en los infiernos del Hada Verde.

 

419-2986-1-pbA pesar de que se han escrito innumerables textos sobre el tema, la relación entre el ajenjo y el artista sigue guardado un cierto halo de hermetismo. El libro de María Emilia Chávez Lara es un estudio sobre la bebida de color esmeralda que inspiró y condenó a sus amantes más devotos.

            El texto publicado por la UNAM en el 2012 se divide en dos secciones. En la primera parte, la autora hace un esbozo que narra la adicción de ciertos artistas franceses, como Alfred de Muset, Baudelaire y Manet; y la de algunos autores y pintores mexicanos como Manuel Gutiérrez Nájera, Bernardo Couto Castillo y Julio Ruelas. María Emilia Chávez Lara explica que, por imitación, este fenómeno se mudó de Francia a México, principalmente durante el decadentismo y la fundación de la emblemática Revista Moderna.

            La canción del Hada Verde. El ajenjo en la literatura mexicana (1887-1902) es un ensayo que proporciona al lector una panorámica del tema, desde el origen comercial de la absenta, hasta las repercusiones que ésta tuvo en la sociedad del siglo XIX. María Emilia Chávez Lara describe que esta bebida influyó en la figura del bohemio, el dandi y la estética de ese momento. Aunado a ello, la autora trata la relación que existió entre la alosna y la mujer ya que “el espíritu que vive en el ajenjo es femenino –hada, musa, diosa” (p. 44). Los artistas que consumieron este embriagante líquido, invocaban, tras injerir considerables cantidades, la bondad y la perversidad del Hada Verde.

            En la segunda parte del libro, la estudiosa de la literatura ofrece un valioso apéndice que cuenta con los poemas de La era del ajenjo difundidos en algunas publicaciones periódicas de México. El recorrido inicia en 1887 con el poema que inaugura esta época, “El hada verde”, de Manuel Gutiérrez Nájera, y llega hasta 1902 con “A otro artista”, de Amado Nervo, publicado en la Revista Moderna. Arte y Ciencia. Para completar la radiografía sobre el impacto que tuvo la bebida, reúne una serie de cuadros que demuestran que el fenómeno no sólo se dio en la literatura sino también en las artes pláticas. Las pinturas que en ese momento pretendían épater la bourgeoisie, actualmente son consideradas como una parte importantísima de la historia del arte. Asimismo, en el libro se reproducen un conjunto de afiches parisinos que muestran el impacto comercial que tuvo el ajenjo en Europa. Por último, en el apéndice, la autora recopila diversas recetas de la preparación de la bebida, así como las fórmulas personales de Toulouse-Lautrec, Edgar Allan Poe, Edgar Degas y Ernest Hemingway.

           

Luis Felipe Fabre. La irreverencia del moralista (entrevista)

 

Por: Lilia Solórzano

captura-de-pantalla-2017-01-09-a-las-10-12-27-a-mConsiderado como uno de los poetas mexicanos contemporáneos más polémicos tanto por los temas elegidos en sus poemarios como por las formas y los tonos empleados en ellos, Luis Felipe Fabre reflexiona sobre su oficio.

A propósito de la crítica que hiciste al poemario de Javier Acosta Escareño, El libro del abandono (Premio Aguascalientes 2010) en ocasión de su publicación, me surge la pregunta de si piensas que los poetas contemporáneos han dejado atrás cualquier forma de inocencia, como una especie de obligación de época, que deben escribir pensando que un paraíso perdido es una especie de ingenuidad.

Yo creo que es imposible conservar una mirada inocente después de tantos milenios, de tantos sucesos en la humanidad. La poesía no puede ser inocente en un tiempo de caos. La humanidad hace mucho que dejó atrás cualquier tipo de ingenuidad.

 Paul Morand recomendaba que para tener reposo en una situación de caos, a partir de la segunda guerra mundial y todo lo que se nos ha venido encima, habría que regresar un poco a las alegrías sencillas, para no volvernos locos a pesar de que hemos hecho de este mundo un manicomio.

Podría ser; aunque no sé si la poesía sea un lugar para reposar. No. El poeta, en estos tiempos se ha alejado de niñerías. Para reposar nos tendríamos que volver japoneses ¿no?, qué se yo, dedicarnos a cocinar galletas. No, la poesía es otra cosa.

¿Y tú qué haces: te enfrentas a la poesía, te peleas con las palabras, con los conceptos, con una situación demencial?

Para mí la poesía es un todo problemático. Ser poeta es asumir esa complejidad en la creación: su historia, su relación con el contexto, su relación en el momento de escribir. Pero lo mismo sucede en todas las disciplinas. No hay manera de hacer arte como si no hubiera pasado nada. Hay que ser conocedor de su propia disciplina, de su propia materia, de la tradición en la cual te tocó actuar y tomar decisiones.

En Poemas de terror y de misterio (2013) y La sodomía en la Nueva España (2010) te acercas al mundo con una mirada irónica, poniendo una distancia, una distancia crítica tal vez frente a los sucesos que utilizaste como fuente.

Yo creo que lo que vemos cotidianamente, más que ironía, es un humor barato. Eso es lo que me interesaba recalcar, así como un humor de poesía popular que no es tanto ironía.

Es así: te pones a hablar de pedos, digamos, y eso no es irónico, es más bien como un pastelazo. A mí me interesa usar a veces el humor popular y a veces la ironía. Pero creo que la ironía se desplaza como trasfondo. La ironía es como un escepticismo frente a la propia poesía, frente a las posibilidades de la poesía en ese momento.

¿Los poemas que hablan de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y que posteriormente vuelven como mujeres vampiro, no llevan un movimiento irónico, de crítica?

Me refería a que en La sodomía…, hice uso más del recurso de humor de pastelazo, más de feria, de cómico callejero. En el caso de Poemas de terror…, sí, la ironía es mucho más acusada y evidente por momentos, porque tiene que hacer básicamente una distancia frente al horror. Creo que todo el libro se trata justamente de una distancia, es decir, no puedo hablar de la realidad porque me excede y no la comprendo. Pero sí puedo hablar de sus representaciones.

Tendría que ser una distancia crítica para poder pensar lo que está sucediendo…

Sí, se hace una distancia, porque no puedo mirarla. ¿Quién comprende lo que pasa en México? Puedo operar en el plano de las representaciones; en este caso del cine barato de horror, y ahí, en ese espacio, ironizar con la representación. En ese sentido la ironía es entendida como una distancia de las cosas y también una ironía interior: lo que es o puede ser un poema.

¿Entonces crees que en el arte, específicamente en la poesía, sí hay una utilidad, una utilidad moral, sobre todo?

Es una buena cuestión. Ante todo habría que agregar que todo humorista es un moralista. Supongo que sí hay una parte de cuestionamiento moral o ético, o como quieras llamarlo; pero también un interés por tomar una postura. A final de cuentas el artista toma decisiones éticas. Sí creo que el arte, en este sentido, está en dos canales: por una parte tiene que ser profundamente irresponsable para no caer en la aburrición,  porque no se puede vivir en el espacio de mero deber; pero por otra parte, al vivir y al entender el arte como una serie de problemas con los que uno tiene que lidiar, pues hay un trasfondo ético también ahí. Entonces, el asunto está en poder ser profundamente irresponsables a la par que responsables; es decir, una contradicción.

¿Esta irreverencia tuya escondería finalmente a un moralista?

Tradicionalmente el humor siempre ha sido una manera de crítica, no sé si de criticar el mundo, pero el efecto cómico siempre tiene que ver con un juicio. Sí, supongo que sí, que en el fondo hay, no sé si un moralista en el sentido tradicional, pero sí un crítico.

Se ha dicho que eres un poeta postmo, ¿qué sentido lleva eso?

Bueno no sé si se me menciona como eso, pero me siento menos industrial que un poeta moderno. El poeta moderno se preocupa más por la novedad, ese es el valor esencial de lo moderno; y lo mío es mucho más retro, digamos. Estoy recuperando cosas todo el tiempo. A mí me gusta echar mano de todo lo que me interesa, del arsenal del pasado, no borrarlo como se supone que hacen los modernos.

¿Y cómo supiste tu condición de poeta, te levantaste y dijiste ‘voy a ser poeta un día’?

No, yo creo que ninguno de nosotros nos hemos levantado así. Como todo en la vida: es un descubrimiento, un proceso, e incluso es una cosa que de pronto me gusta cuestionarme ahora: ¿quiero seguir siendo un poeta o no?

¿Es una actitud de vida, entonces?

Supongo que la poesía, para mí, ha sido una manera de aproximarme a la realidad, y a veces pienso si no es también un modo de experimentar la realidad. Tenemos muy diversos modos de entender o de interpretar el mundo. A veces me pregunto si elegí bien o si elegí mal. No soy un poeta avant la lettre.

¿Qué sabe Julieta del espacio?

 

por: Marevna Gámez

De niña una vez escribí a la NASA. Escribí en español y con una letra enorme, debí tener 7 años. La dirección la tomé de una revista; enloquecí esperando la respuesta. Mi papá me consiguió el sello postal y escribió en el sobre por mí.

       En la escuela insistían en enseñarnos las partes “formales” de una carta. Debíamos escribir, enviar y recibir respuesta. La maestra sugería que escribiéramos a un amigo. Por esos días, como ahora, yo no tenía muchos amigos, menos a quién escribirle. Así que mi única esperanza de respuesta para aquel ejercicio escolar estaba en manos de unos astronautas desconocidos que seguramente no hablaban el mismo idioma que yo.

      La insistente maestra nos llevó a la oficina de correos, todos formados en una fila fuimos depositando nuestras cartas. Un niño que se llamaba Farid se alarmó al ver mi sobre. Yo lo consideraba un tipo listo, de ésos que se peinaban de lado y no de honguito, así que su teoría de que era mejor escribir a alguien de la misma ciudad para recibir pronta respuesta, realmente me preocupaba.

  Llegando a casa le comenté a mi papá mi preocupación, no me hizo mucho caso, fumaba un cigarro y le decía a mi mamá algo de algún desmadre hecho como siempre por mi medio hermano.

     Recorté el artículo de la revista, las fotos del espacio, de los astronautas, todo. Tenía en mi lonchera la lista de cosas por decir en la exposición de clase. Sólo faltaba que ellos respondieran. La exposición de mi experiencia postal sería un acontecimiento y el cierre perfecto para un año escolar exitoso. Mi angustia infantil se enfocaba en los detalles, así que obligué a mi prima Romina, mi otro ejemplo de alguien listo porque hablaba inglés, a que me explicara el asunto de las siglas de la NASA. Con un poco de indiferencia me explicó mientras se levantaba el tupé con spray Aqua Net y escuchaba a Laureano Brizuela.

      Mi primo, al que llamábamos El Nene, fue el único que se interesó realmente por  mi carta. Un día llegando de la Prepa me preguntó de dónde había sacado la dirección para escribir a la NASA; entonces, le conté con entusiasmo mi historia, su atención terminó cuando le confesé que recorté una de sus revistas Muy Interesante.

     Los días pasaban entre tareas, ir a la tienda por los Viceroy y las Cocas de mi tía Chata y la espera. Mi hermana sugirió que cambiara de destinatario, mi tío Aureliano recomendaba que exigiera una respuesta. Mi abuelo me recomendó confiar en los astronautas, quizá estaban ocupados, o en el Espacio, pero sin duda le parecían tipos serios y responderían. Mi mamá empezó a presionar, le preocupaba la nota de la escuela. El tipo listo del salón, analizó la situación y me dijo: “Yo por eso no le escribí a Chabelo, somos Cuates de la provincia Mare, obviamente nunca van a contestar”.

      Julieta, mi mejor amiga, con su característica dulzura me propuso que le escribiera a ella, pero no tenía nada qué decirle. Nos sentábamos en la misma banca, patinábamos juntas ¿qué podría escribirle yo a Julieta? Además, ¿qué sabía Julieta del Espacio?

       El perro más querido de mi abuelo se intoxicó por esos días, la inquietud por la carta se perdió en aquél dolor de ver a mi abuelo sufrir por la perdida de su amigo.

        Llegó el día de la exposición y fui la única que no tenía respuesta. La maestra se mostró comprensiva argumentando que era más lento el correo internacional. Julieta se sentaba para entonces en otra banca. Yo había recibido una carta de ella, y la respondí, pero no fue suficiente para compensar que mi primera carta no fuera para ella. Fui una mala amiga. Al final yo escribí dos cartas, la de los astronautas y la respuesta a Julieta, pero igual tuve un siete de calificación y no tuve más con quién patinar en las tardes.

        Meses después mi abuelo recibió un paquete de cartón para mí, la caja más perfecta del mundo. Era una larga respuesta y muchas postales de misiones espaciales, un par de retratos de astronautas mexicanos y una seria promesa de seguirme informando sobre sus misiones. El corazón se me salía del pecho. Nunca más he vuelto a mandar una carta en una oficina de correos. He pensado que quizá sea un buen momento para preguntar de nuevo por el Espacio, aunque lo pierda todo, al final, confío en los astronautas, parecen tipos serios.