Luis Felipe Fabre. La irreverencia del moralista (entrevista)

 

Por: Lilia Solórzano

captura-de-pantalla-2017-01-09-a-las-10-12-27-a-mConsiderado como uno de los poetas mexicanos contemporáneos más polémicos tanto por los temas elegidos en sus poemarios como por las formas y los tonos empleados en ellos, Luis Felipe Fabre reflexiona sobre su oficio.

A propósito de la crítica que hiciste al poemario de Javier Acosta Escareño, El libro del abandono (Premio Aguascalientes 2010) en ocasión de su publicación, me surge la pregunta de si piensas que los poetas contemporáneos han dejado atrás cualquier forma de inocencia, como una especie de obligación de época, que deben escribir pensando que un paraíso perdido es una especie de ingenuidad.

Yo creo que es imposible conservar una mirada inocente después de tantos milenios, de tantos sucesos en la humanidad. La poesía no puede ser inocente en un tiempo de caos. La humanidad hace mucho que dejó atrás cualquier tipo de ingenuidad.

 Paul Morand recomendaba que para tener reposo en una situación de caos, a partir de la segunda guerra mundial y todo lo que se nos ha venido encima, habría que regresar un poco a las alegrías sencillas, para no volvernos locos a pesar de que hemos hecho de este mundo un manicomio.

Podría ser; aunque no sé si la poesía sea un lugar para reposar. No. El poeta, en estos tiempos se ha alejado de niñerías. Para reposar nos tendríamos que volver japoneses ¿no?, qué se yo, dedicarnos a cocinar galletas. No, la poesía es otra cosa.

¿Y tú qué haces: te enfrentas a la poesía, te peleas con las palabras, con los conceptos, con una situación demencial?

Para mí la poesía es un todo problemático. Ser poeta es asumir esa complejidad en la creación: su historia, su relación con el contexto, su relación en el momento de escribir. Pero lo mismo sucede en todas las disciplinas. No hay manera de hacer arte como si no hubiera pasado nada. Hay que ser conocedor de su propia disciplina, de su propia materia, de la tradición en la cual te tocó actuar y tomar decisiones.

En Poemas de terror y de misterio (2013) y La sodomía en la Nueva España (2010) te acercas al mundo con una mirada irónica, poniendo una distancia, una distancia crítica tal vez frente a los sucesos que utilizaste como fuente.

Yo creo que lo que vemos cotidianamente, más que ironía, es un humor barato. Eso es lo que me interesaba recalcar, así como un humor de poesía popular que no es tanto ironía.

Es así: te pones a hablar de pedos, digamos, y eso no es irónico, es más bien como un pastelazo. A mí me interesa usar a veces el humor popular y a veces la ironía. Pero creo que la ironía se desplaza como trasfondo. La ironía es como un escepticismo frente a la propia poesía, frente a las posibilidades de la poesía en ese momento.

¿Los poemas que hablan de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y que posteriormente vuelven como mujeres vampiro, no llevan un movimiento irónico, de crítica?

Me refería a que en La sodomía…, hice uso más del recurso de humor de pastelazo, más de feria, de cómico callejero. En el caso de Poemas de terror…, sí, la ironía es mucho más acusada y evidente por momentos, porque tiene que hacer básicamente una distancia frente al horror. Creo que todo el libro se trata justamente de una distancia, es decir, no puedo hablar de la realidad porque me excede y no la comprendo. Pero sí puedo hablar de sus representaciones.

Tendría que ser una distancia crítica para poder pensar lo que está sucediendo…

Sí, se hace una distancia, porque no puedo mirarla. ¿Quién comprende lo que pasa en México? Puedo operar en el plano de las representaciones; en este caso del cine barato de horror, y ahí, en ese espacio, ironizar con la representación. En ese sentido la ironía es entendida como una distancia de las cosas y también una ironía interior: lo que es o puede ser un poema.

¿Entonces crees que en el arte, específicamente en la poesía, sí hay una utilidad, una utilidad moral, sobre todo?

Es una buena cuestión. Ante todo habría que agregar que todo humorista es un moralista. Supongo que sí hay una parte de cuestionamiento moral o ético, o como quieras llamarlo; pero también un interés por tomar una postura. A final de cuentas el artista toma decisiones éticas. Sí creo que el arte, en este sentido, está en dos canales: por una parte tiene que ser profundamente irresponsable para no caer en la aburrición,  porque no se puede vivir en el espacio de mero deber; pero por otra parte, al vivir y al entender el arte como una serie de problemas con los que uno tiene que lidiar, pues hay un trasfondo ético también ahí. Entonces, el asunto está en poder ser profundamente irresponsables a la par que responsables; es decir, una contradicción.

¿Esta irreverencia tuya escondería finalmente a un moralista?

Tradicionalmente el humor siempre ha sido una manera de crítica, no sé si de criticar el mundo, pero el efecto cómico siempre tiene que ver con un juicio. Sí, supongo que sí, que en el fondo hay, no sé si un moralista en el sentido tradicional, pero sí un crítico.

Se ha dicho que eres un poeta postmo, ¿qué sentido lleva eso?

Bueno no sé si se me menciona como eso, pero me siento menos industrial que un poeta moderno. El poeta moderno se preocupa más por la novedad, ese es el valor esencial de lo moderno; y lo mío es mucho más retro, digamos. Estoy recuperando cosas todo el tiempo. A mí me gusta echar mano de todo lo que me interesa, del arsenal del pasado, no borrarlo como se supone que hacen los modernos.

¿Y cómo supiste tu condición de poeta, te levantaste y dijiste ‘voy a ser poeta un día’?

No, yo creo que ninguno de nosotros nos hemos levantado así. Como todo en la vida: es un descubrimiento, un proceso, e incluso es una cosa que de pronto me gusta cuestionarme ahora: ¿quiero seguir siendo un poeta o no?

¿Es una actitud de vida, entonces?

Supongo que la poesía, para mí, ha sido una manera de aproximarme a la realidad, y a veces pienso si no es también un modo de experimentar la realidad. Tenemos muy diversos modos de entender o de interpretar el mundo. A veces me pregunto si elegí bien o si elegí mal. No soy un poeta avant la lettre.

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