Los enanos, una insurgencia en marcha

Al menos huellas

Los enanos, una insurgencia en marcha

Por: Tobías Albero

 

captura-de-pantalla-2017-01-16-a-las-11-32-31-a-mAlberto Olmos firma un reseña de la novela finalista del Premio Herralde 2016, Amores enanos, de Federico Jeanmaire, que titula “Los enanos dominarán la Tierra haciendo striptease: la novela más divertida del año” (http://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2016-12-21/los-enanos-dominaran-la-tierra-haciendo-striptease_1306750/) Dejando a un lado la habitual sagacidad del crítico español, reparo en el primer término del título: “Los enanos dominarán la tierra”. Desde el punto de vista de lo políticamente correcto, la referencia a la enanez pude resultar una desconsideración no exenta de agresividad, casi ofensiva en caso de que no serlo plenamente. Pero algo pasa con lo enanos. Quizás el título es más alarmista de lo que aparentemente nos regala la realidad. Pero todo indica que es una apariencia.

Uno no puede fiarse nunca de los enanos, entre otras cosas, porque son apenas perceptibles, pero que no sean observables no quiere decir que no existan. Y, como existen, son una amenaza real aunque, acaso, velada. A lo mejor por ello no nos percatamos de la envergadura de la amenaza. De ningún modo afirmo que todos los enanos sean iguales o que el hecho de que alguien tenga escasa estatura lo ubica inmediatamente dentro de la especie de los enanos. No, no es sólo una cuestión de tamaño, ni siquiera es condición necesaria, pero ayuda mucho. En lo personal, me siento incómodo a la hora de tratar este asunto porque podría dar la impresión de que soy intolerante con quienes son diferentes como si yo no lo fuera para los demás; de hecho me molestaría mucho no ser sólo diferente para los demás sino para todos los demás. Yo no soy de los que se ríen o gastan bromas de mal gusto o me apunto al humor fácil a propósito de quienes, por ejemplo, tienen un ojo vago o estrávico con los que en lugar de conversar jugamos al pin-pon en la ilusión de que sostenemos una amena conversación, y no voy a decir que esos encuentros no me dejan agotado de tanto y tanto bote y rebote; tampoco hago chistes sobre tullidos que tratan de disimular su defecto con inverosímiles marometas propias de una función del Cirque du Soleil; mucho menos voy a aludir a los afroamericanos, antes conocidos como morenos y mucho antes como negros, y mañana quién sabe cómo. Con todo, ninguna de estas abrumadoras minorías se han constituido en la severa amenaza que representan los enanos. Quién sabe cuándo y cómo comenzó esa insurgencia silenciosa allá, en los confines de la Tierra Media, a la vista de nadie y ante la indiferencia de todos. No es una cuestión de estatura aunque ayuda. Dentro de los enanos hay diferentes tribus que despliegan una rica diversidad dentro de la especie.

La verdadera amenaza la representan los enanos perfectos o esféricos; aquellos que lo son se les mire por donde se les mire. El enano perfecto es aquel en quien coincide una reducida estatura con una escasa inteligencia o, para ser más precisos, un tamaño menguado con una oligofrenia indisimulable. Expulsados incluso de la Tierra Media y obligados a desplazarse más allá, acostumbran a levantar su leyenda a partir de infundir lástima en los demás, erigiéndose en representantes del hombre hecho a sí mismo con difíciles comienzos en que predominan los trabajos manuales, como alfareros, jardineros, panaderos, serenos o cajeros. Su trayectoria nació torcida, de modo que en su origen, a sus ojos, está su vergüenza. Al resentimiento de especie se añade también el de clase social.  La frustración y el rencor operan como directrices morales. Sin cuerpo y sin alma, se reivindican ante los demás apelando a una inteligencia que sólo ellos advierten frente a la perplejidad de los otros.

El tamaño claro que importa, puesto que siempre obran por la espalda a pesar de que si lo hicieran abiertamente tampoco serían detectados; pero en su obrar ladino –propio del descastado- revelan su verdadera estatura moral correspondiente a la de su tamaño físico e intelectual. El enano perfecto es servil y clientelar puesto que sólo puede vivir por otro y necesita de los otros para ser. Por eso no puede construir intelectualmente nada puesto que su verdadera actividad es comerciar y traficar. Con frecuencia, el enano perfecto juega a las casitas como si fuera dueño de un condominio de hongos allá en su tierra natal: compra y vende hongos, renta hongos no pagados para que los paguen inquilinos desprevenidos, se traslada cuatro o cinco veces de domicilio en pocos meses para dotar de aventura a su vida, trafica con recién conocidos para rentarles alguno de sus hongos en plan buena onda. El enano perfecto incapaz de proponer nada tampoco deja que otros propongan. El enano perfecto, si se dedica a la literatura, lo más normal es que se vuelva parásito de un autor al que cita venga o no venga a cuento. Habitualmente el escritor al que se dedican suele ser renombrado porque a los enanos esféricos les impresiona la cantidad y el volumen. Es normal y predecible: el autor en cuestión ocupa u ocupaba un espacio físico reconocible, mientras que el enano perfecto sólo lo puede ocupar en tanto que parásito de ese escritor. El enano perfecto prefiere administrar la vida de otro en lugar de vivir la suya. Nada más natural porque su fondo es el de la inseguridad y el sinsentido. El enano perfecto es resentido, acomplejado e inseguro y, por lo mismo, soberbio, vanidoso y presuntuoso, en otras palabras, un esperpento. Los enanos son un peligro inminente como advierte Olmos y su insurgencia en marcha amenaza a la vuelta de la esquina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s