Chumel Torres en San Luis

 

Por: Ernesto Sánchez

Captura de pantalla 2017-02-19 a las 12.54.12 p.m..pngCuando me ofrecieron un par de boletos para ir a ver a Chumel Torres, pregunté ¿quién? Eso les puede dar una pequeña idea de dos cosas: lo poco que sé de temas y personas de actualidad y la perspectiva que este comentario irá desarrollando. Lo primero es algo de lo que seguido hablo con orgullo; estar desconectado, hasta cierto punto, brinda tranquilidad. El barullo que las redes emiten respecto a este o aquel tema a veces es sobrecogedor o ridículo, más cuando todo el ruido gira en torno a una persona, pues creo fervientemente que las personas, a pesar del puesto que ocupen, están impregnadas de la irrelevancia fundamental que todos compartimos; sin embargo, las ideas que declaran, sugieren o defienden pueden trascender con una fuerza que los excede, y repercuten de manera drástica en la sociedad. Éstas, tal vez, fueran dignas de discusión si no fuera porque las redes sirven más para denostar y escrotear[1] que para argumentar y pensar.

            “Es un youtuber”, me respondieron, “te va a gustar”. Yo, que de youtubers no tengo la más remota idea y cada que me recomiendan uno me dan ganas de que un meteorito ajusticie a la humanidad, respondí que debía consultarlo con mi novia. En realidad no le pregunté nada a ella, pero sí le pregunté a mis hermanos, quienes son más versados en los temas del ciberespacio. Me respondieron lo mismo, que era un youtuber, y también me recomendaron que fuera, que me iba a gustar. Esto ya me intrigaba un poco, pues o es evidente que mis gustos han decaído drásticamente o bien en realidad me iba a gustar el tal Chumel. Y como ahora estoy pasando por uno de los momentos más difíciles de mi existencia, alejado (voluntariamente, aunque no lo crean) del alcohol, decidí que no se puede perder más en la vida y acepté los boletos.

            Llegué a la Cineteca de San Luis Potosí faltando 5 minutos para las ocho, hora en que se supone empezaba el show. Había quedado de llegar media hora antes para que me entregaran los boletos, pero como sí llevé a mi novia no lo logré, pues para ella la puntualidad de mis citas es una trivialidad. No le reclamé nada, como ella tampoco sabía quién era Chumel Torres, estaba seguro que iba convencida, porque yo la invité, de que sería un espectáculo aburridísimo.

          En la entrada, mi buen amigo, como siempre, estaba rodeado de personas y sólo tuvo un momento para darme un abrazo y entregarme los boletos. Me dio unos de arriba, aunque por Whatsapp me había dicho que me tocaba abajo. No le dije nada, mi confesión de no saber quién era el Chumel me había ganado esos asientos. En realidad tampoco me importaba.

        Cuando subimos, me di cuenta lo solo que estaba el segundo piso. Mierda, pensé, tal vez sí hubiera sido un error venir. Mi chava se sentó con una cara de “a dónde me trajiste” y movía sus brazos como si estuviera practicando cortarse las venas. Me ofrecí, como el caballero que soy, a comprarle unas palomitas. Dijo que sí, así que le pedí dinero, porque soy un caballero, pero mis finanzas no me respaldan. Me lo dio, con una mueca de “encima de todo”, y me alejé rápidamente antes de que pudiera decir algo.

         Me fui a formar a la fila de los snacks, y me sorprendí al ver que las taquillas se estaban llenando y la antesala estaba repleta de gente que compraba camisas y libros. Me saqué de onda por la fama del tal Chumel, que a final de cuentas era un youtuber, pero me dio gusto saber que la gente apenas llegaba, eso indicaba que igual no sería un fracaso total. Cuando regresé a nuestros asientos la parte de arriba ya se veía tupidita; abajo ni se diga. Sí, uno que otro hueco aquí y allá, pero nada relevante.

       Ya se acercaba la tercera llamada, que venía anunciada con maldiciones y sabe qué otras cosas más, porque no se entendía ni madres del sonido. Mi chava me dijo que igual así sería toda la presentación, y yo crucé los dedos esperando que no. No hace mucho fuimos al circo Atayde, y al cabrón presentador nunca se le entendió nada, terminamos sospechando que lo hacía a propósito, pues dijera lo que dijera siempre le aplaudían: la magia del circo.

         Cuando por fin salió el tal Chumel ya daban casi las 8:30, y yo ya estaba arrepentido de mi decisión del viernes abstemio, pero no pasaron más de 3 minutos para que su monólogo, que se entendía perfectamente, me hiciera cambiar de parecer.

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        Ah cabrón, ¿quién es este vato? Nos tenía doblados de risa, pero estaba hablando de… ¿¡política!? Y que Peña Nieto esto y que el Peje “lindurita” aquello. Todos estaban botados de la risa. De repente se escuchaba alguien que no regulaba su ataque y eso sólo provocaba que la hilaridad se multiplicara. Cuando volteé a ver a mi chava, y descubrí que lágrima que le escurría por la mejilla no era de decepción, me alegré bastante; mi racha de embarrarla había terminado. Esa fue la primera parte del monólogo que presentó el tal Chumel.

        Responder a la pregunta, que tanto me asechó desde que me ofrecieron los boletos, sobre quién era el dichoso Chumel fue el tema de la segunda parte del monólogo. Con un tono más serio, pero no por eso menos entretenido, Chumel Torres platicó sobre su arribo a la fama en Twitter; su primera aparición en televisión nacional y el desencanto que sentía por los medios, sobre todo por la falta de rigor en los noticieros; su carrera de ingeniero ¿mecánico?, ¿mecatrónico?, ¿importa?, y el abandono de ésta por seguir un sueño que se veía lejano y poco probable en los medios efímeros del ciberespacio con la creación de El Pulso de la República, espacio donde él daría las noticias con un toque de humor, y por último habló de cómo la idea pegó, youtuber estrella, ofertas de canales de televisión y el hit: HBO.

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        En esta segunda parte Chumel hizo referencia a Steven Colbert y Jon Stewart como sagaces visores de la política estadounidense, y como modelos a seguir. Yo pensaba que también estaban Conan O`Brien y Bill Maher, pues son cuatro personajes que sigo regularmente para darme una idea de lo que pasa en Estados Unidos. Teniendo esto en cuenta, la perspectiva con que Chumel se asumía dentro del sector de noticias, no me sorprendió; desde hace tiempo soy de la creencia que para acceder a una sociedad tan viciada por los medios “ordinarios” hay que emplear medios alternativos como el humor, pues el humor, como la historia puede comprobar, tiene la virtud de entretener y atrapar al público por medio de la risa al mismo tiempo que devela verdades que de otra manera serían difíciles de asimilar. Quién más sino Ponchito, personaje que encarna el genio Andrés Bustamante, para hacer una entrevista con preguntas mordaces que cualquier otro no sería capaz de formular. Éste es es el ideal de Chumel, alto pero alcanzable.

          Es decir, si quieren reír pueden seguir a Chumel Torres, y si quieren noticias, también. El chiste, como repetidas veces dijo Chumel, es ser crítico ante lo que se recibe; no sólo con lo que él presenta, si no con todo. He ahí la única posibilidad de un cambio. He ahí la única posibilidad de salvación.

        No cabe duda de que hay experiencias que te regala la casualidad. Los boletos para el viernes así me llegaron. Ahora hay que esperar que en Encuadra: emprende en entretenimiento, responsables por traer a Chumel, sigan con la visión de promocionar actividades que atraigan a ese auditorio que muchas veces, como yo, está convencido de que las opciones están agotadas. Esta experiencia, por lo menos, me ha persuadido a seguir a un youtuber, ya veré si logra ser como aquellos que dice admirar.

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[1] A pesar de no estar incluida en el DRAE, la palabra escrotear (de la cual me atribuyo la invención) resume cabalmente una de las actividades más practicadas en México (y seguramente en todos los países del mundo) pues asegura con una efectividad lamentable el subir el peldaño social o laboral; en otros contextos, le dicen a esta acción: chupar los huevos.

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La era del mal agüero en la poesía de Aldo Revfaulknest

 

ellas han aprendido que : en esta guerra no hay trébol

el azar : es una metáfora ciega

que en la esquina de este mundo / cuando todo se acabe

: sólo se pesarán las lágrimas

& ni siquiera las prostitutas del PAPA / querrán salvarse

esto

es de mal agüero

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El poema es la realización de la poesía. Esto es de conocimiento común. Surge de algún lugar impreciso, como la mediumnidad. Pero el poeta, como un agente activo, coloca la palabra en la plataforma del movimiento, de la revelación y de la verdad.

Hace unos días, sentí un temblor en la Ciudad de México. Algunas señoras de la edad de los suspiros (alrededor de los cincuenta años), lloraban en el andén del metro Múzquiz, en la periferia de Ecatepec. Yo me sentí tranquilo, aunque sí noté, con extrañeza, que la gente a mi alrededor mostraba todas las caras posibles y todas las reacciones existentes. Por allá, la señora de los suspiros intentaba tranquilizarse con lágrimas en los ojos; por allí, algunos atisbando las estructuras del andén, en previsión de un hipotético desplome. Días después, ya en mi trabajo, nos impartieron un curso sobre primeros auxilios. Uno de los conferencistas señaló un detalle que apunté inmediatamente: el comportamiento humano pierde la calma con facilidad ante lo inusual. Yo interpreté “lo inusual” precisamente como lo desconocido. Y en ese momento lo desconocido era el movimiento telúrico.

              Como poeta, Aldo Revfaulknest se enfrenta con su poesía no a lo desconocido, sino a lo que no se quiere conocer. Y por esta misma razón forma necesariamente parte de lo desconocido, porque se elige no conocerlo.

           En algún momento de nuestra supuesta historia occidental, al poeta se le concibió como el intérprete de los dioses o el revelador de imágenes que serían puestas, posteriormente, al servicio del hombre. Pero esa revelación, ¿necesariamente tendría que ajustarse a nuestros arquetipos o daguerrotipos mentales del mundo? No lo creo así obligatoriamente. El poeta devuelve una imagen a los demás, pero probablemente esa imagen no sólo no se acomode a nuestro mundo, sino que le devuelve al hombre una verdad incómoda o inaccesible, como dije en este caso, por elección personal. La poesía de Revfaulknest incomoda porque detrás de su aparente hermetismo, y por encima de su notoria musicalidad y de su acústica, subyace una indudable carga de tremenda humanidad.  Nos revela en cuanto seres humamos.

            Una humanidad deformada, si uno quiere, pero llena de colores, formas, ecos de lo que alguna vez posiblemente fueran milagros, y ahora sólo son burdos títeres o imágenes imprecisas, mutantes, ridículas, poliformes. En una palabra: poliédricas Y es ahí cuando el poema se hace videncia.

            Los poemas de Revfaulknest son concientes de su tiempo. Son poemas que se incendian con las llamas de su propia realización. Por eso quizá incomoden a poetas de otros talantes, que buscan en estos versos la confirmación de lo que ellos no han podido (o querido) conocer, ni pueden, por supuesto, escribir. De esos poetas que escriben con el corazón o con las tripas, o con el cerebro o de la patada; Revfaulknest escribe con los ojos. Pero se aducirá: todos los poetas escriben con los ojos. Supongo que sí, aunque la mirada de este poeta embriagado ve el mundo desde la plataforma del mal agüero, en su intento paradójico por encontrar el milagro perdido.

         Ve con los ojos una realidad metafórica, donde intenta rescatar lo mejor, si esto es posible, desde las entrañas de la decadencia. Y una vez ahí, entrega lo que ha encontrado y apuesta por el futuro: seremos niños del irisado mañana/tornasoles del verbo enterrado en el búnker/niños brotados tréboles/ entre escombros de juguetes/seremos Artaud con devota heteromancia/viendo arrobados desde los árboles/caer relámpagos del alba.

            Esta búsqueda, tan propia de Revfaulknest (cuyos poemas apuntan a la brevedad) no intenta congraciarse con nadie. Él no busca la complacencia, ni siquiera la apropiación o el rechazo. Sus poemas muestran. Ofrecen. Entregan el resultado de un combate limpio cara a cara con la vida; frente a frente con la muerte (simbólica, sobre todo), e ignoro con cuántas cosas más. Busca en las cantinas (mirando de soslayo la sombra, por no decir el fantasma, del ex cónsul británico de Quauhnáhuac); en la música (de Chac mool, banda donde se inició el chamán Jorge Reyes, al apóstol del rock, Arturo Meza); en la actitud del propio poeta ante la vida (no existe el yo lírico: es de carne y hueso) o en la modalidad poliédrica de la ciudad de Guanajuato. Es también el resultado del ejercicio de descender a los infiernos personales, y como dijo el sabio don Juan Matus a Carlos Castaneda, traer trofeos o regalos. Uno de estos trofeos es la confección del poema, y por ende, de su propia revelación. Revfaulknest es un vidente que ve y escribe; que inscribe y revela; que suscribe y proscribe y al final entrega. Nada más. Y nada menos. Y esto es bastante.

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Rescato a continuación tres puntos que me son útiles para aperturar los poemas de Aldo Revfaulknest.

  1. El poema se escribe desde el movimiento.
  2. La sensación, o la seguridad acaso, de que el poema es un estado de captación de lo poliforme o una ejecución de la videncia.
  3. Que la única verdad posible, aunque me incomode o me duela reconocerlo, está en la realidad poética.

       Si el poema, me queda claro, es la realización de la poesía, esto implicaría, ciertamente, que la poesía no es propiamente una escritura, sino lo que permite la realización de esa escritura. La poesía sería la verdad de la realidad del mundo. Una realidad y una verdad, naturalmente, imprecisas, como toda realidad y toda verdad que se precie de ser humana.

         Existe un fenómeno mental, toco el tema ahora, en que la mente humana se esfuerza por ajustar los hechos a la modalidad histórica de su propia conciencia. Esto, naturalmente, nos exime de explicar todos los fenómenos existentes en el mundo. Llámense sociales, culturales, históricos, tecnológicos, suprafísicos, físicos, mentales, y otros. En otras palabras, yo ajusto mi mente a lo que quiero ver, saber, pensar sobre la realidad y sobre el mundo. Al hacer esto asumo la responsabilidad de no tener que explicarlo todo, pero me basta con estar en paz con el mundo que he construido; con el mundo que me ha tocado vivir; con mi propia verdad.

         Puedo agregar, con justicia, que esto constituye la receta perfecta para no movernos. En el primer tomo de la saga de Stephen King, La Torre Oscura, una idea se repite a lo largo de sus páginas: el mundo se ha movido. Cuando King, como autor, o cuando el narrador, como instancia independiente, repite, con el mismo entusiasmo, la premisa de que el mundo se ha movido, o de que el mundo se movió (nunca que el mundo se mueve, sino que se movió: en tiempo pasado) inscribe la paradoja de la especie humana en el aquí y el ahora de su propio tiempo. Primer punto: a los poderosos de todas las épocas, ¿les convino alguna vez que el mundo se moviera? ¿Les convino alguna vez que el mundo se saliera de su lugar, y que, como una moneda o una pastilla diminuta sobre una mesa reclinada, dejara su lugar de origen y se deslizara hacia la zona de lo desconocido? ¿Querían que las cosas cambiaran? Lo dudo mucho. Todo el mundo protege su mundo con la fuerza y el ánimo y la voluntad que pueda, le convenga o le corresponda. Así entonces, ¿no es natural que cuando el mundo se mueve, como en el terremoto de la Ciudad de México, saque de sus zonas de confort a quienes les toca experimentar dicho fenómeno telúrico?

            El mundo del mal agüero en la poesía de Revfaulknest es justamente eso: asunción del mal agüero. Revelación de las cicatrices del mundo contemporáneo. Por eso hace uso del anacronismo, por ejemplo: el cinismo de Diógenes se opaca/en el dije plateado de una rubia nazi; la desmitificación de las instituciones hegemónicas: anestesiado por religiones extranjeras/observa una idónea patria en un spot de televisión; o sinceramente la actual cobardía del poeta mexicano incapaz de sumergirse (de ser posible esto) en el abismo de sus propios infiernos personales: cría poetas & te plagiaran los versos. Todo esto es resultado de un mundo que se ha movido, que se mueve y tira para abajo. La era del mal agüero. Donde todo parece subrayar sus propias inconsistencias. Donde nadie tiene miedo de hacer el ridículo o atenerse a la estupidez, sino que la presume y con creces.

            Aquí hay una cosa literal y otra no. Lo literal es que innegablemente el mundo se mueve y se ha movido: terremotos, huracanes, mareas, lluvias torrenciales, linchamientos, secuestros (físicos y mentales), revoluciones, guerras civiles, suicidios colectivos, etcétera; lo metafórico es que el mundo también se mueve, y esta metáfora, producto de la videncia de dicha movilidad, se alcanza, digo yo, en la poesía. Y de ahí construye su verdad. Y ésta se alcanza, para ser preciso, en el poema, mejor dicho. El poema en concreto no alcanza, si es un buen poema, el lugar de las imperturbabilidades. Es movimiento puro. En el caso de los poemas de Revfaulknest el movimiento está implícito desde el título: Rapsodia poliédrica de fúnebre narcisismo. Rapsodia: movimiento musical, banda sonora; poliédrica: movimiento de las formas, de las distintas y múltiples caras que puede tener un mismo objeto mirado desde tal o cual ángulo; y fúnebre narcisismo, harakiri, el movimiento de la espada que va directo al ombligo: la máscara polifacética.

            Segundo punto: el poema como estado de captación de lo poliforme o ejecución de la videncia. Desde luego, los poemas de Revfaulknest, al asumir su condición metafórica de fúnebre narcisismo, ya comparten su objetivo: la revelación poliforme del logos humano. El narciso es el ego. El narcisista el que por bandera se iza a sí mismo. ¿Cómo es esta revelación? ¿Cómo los poemas de Revfaulknest van a escribir y a inscribir la naturaleza poliforme del comportamiento humano? Si lo logró el poeta, es algo que ya no me preocupa, y sería inútil de mi parte defenderlo. Por suerte, es el lector, siempre, el que dispone del punto final después del punto final de todos los puntos finales (o puntos y comas o puntos y seguidos o puntos y aparte) de la vida. Di tú si los poemas de Revfaulknest merecen el apelativo de reveladores del poliforme mundo del comportamiento humano. Del uno mismo. Yo, para ser justos, dejo dos ejemplos: 1) bohemios se carcajean hasta el hastío/los niños malos aprenden y emulan/los ancianos contemplan la paranoia/los periódicos bostezan insomnio amarillista; 2) por el boulevard caminan políticos & burgueses/ acordonados a french-poodles/wachan periódicos/se enteran de noticias del búnker/se quejan de la podredumbre/de la pasión de Juana de Arco/de los maestros en la guerrilla.

            Último punto: la verdad poética como la única realidad posible. Aquí, antes de entrar al tema, quiero señalar que, por x o por y, a todos se nos exige, en algún momento de nuestras vidas, alinearnos al pensamiento del otro. Todos conspiran para hacernos parte de sí mismos. Y si no queremos formar parte de los otros, ¿qué podemos hacer para contrarrestar ese efecto y esa tendencia generalizadora tan imperante en nuestros días? Quizá y acaso la respuesta sea ésta: tenernos a nosotros mismos. Pero esto, naturalmente, es una lucha sin fin. Y dirán otros: una imposibilidad. Y dirán otros: yo me tengo a mí mismo. ¿De qué estoy hablando? No lo sé. Quizá estoy divagando. Pero lo que sí sostengo es que los demás se emperran, por decirlo así, en que les digamos que sí a todo. Sí a las reformas educativas; sí a las reformas energéticas; sí a la única religión sobre la tierra; sí al nuevo desodorante quita caspa. Sí a tu poema malito. Y así puedo continuar ad infinitum.

          Los poemas de Revfaulknest son, en este sentido, más desdeñosos. De entrada, ya no les preocupa que tú te alinees a ellos. Aunque ellos se alineen a los estridentistas, a los beatniks y sobre todo a los infrarrealistas (el eco de Mario Santiago resuena junto al de Malcolm Lowry). Pese a estas referencias, los poemas de Revfaulknest están alineados a sí mismos. A su realidad poética. A la única realidad que estos poemas conocen. Su mérito, acaso, y por todo lo demás, es que ellos persisten en su búsqueda por entregar todo lo que encuentran. El poeta es generoso. El poema entrega, sin esperar nada a cambio, la revelación de algo que los demás no ven. Y no porque se les escape. Quizá porque en realidad no exista. En este sentido, los poemas mienten de manera exquisita o dicen la verdad sin corromperse. Creer una cosa o la otra, es otra elección. El poeta es el médium revisor del comportamiento humano de cada realidad y de cada época, de este comportamiento humano poliédrico; es un revelador de la modalidad de la vida; tiempo y espacio y materia oscura.

       Rapsodia poliédrica de fúnebre narcicismo es un signo inequívoco de las realidades poliformes de nuestra época. Son poemas que no tratan de convencer a nadie. Celebro los poemas del libre mercado de las realidades múltiples de Aldo Revfaulknest. Su lucha poética ha sido limpia. Honesta. Ha sabido libar sin perder el control de la videncia. Su insistencia y su terquedad han dado frutos. Los primeros frutos del que es, con justicia, su primer libro de poemas.

         El libro de Revfaulknest juega, indefectiblemente. Juega a revelar, como he dicho, el poliforme comportamiento humano a la luz de sus propios egos o demonios personales. El mal agüero. Y como todo juego constituye en el fondo la seriedad absoluta, los lectores tenemos el acceso (mas no la clave) para jugar con la relativa certeza de que nos encontramos ante un poemario lleno de revelaciones, producto de múltiples movimientos. Y es precisamente en este movimiento donde el yo del poeta se consume, como una llama, para antes de hacerlo, alcanzar a cantar. La poesía de Revfaulknest es un canto. El canto, finalmente, de la desaparición del yo del poeta, como en mis versos favoritos: ahora viajo umbelífero/ando por ende: lírico/ando en delirio/ando en lirio/ando enirio/ando en río/ando rio/ando io (n)/ando o.

           Juegue entonces la primera y, a la vez, última revelación: el mal agüero de los poemas de Aldo Revfaulknest.

*Prólogo actualizado a Rapsodia poliédrica de fúnebre narcisismo, Aldo Revfaulknest, Ediciones La Rana, Guanajuato, México, 2015.

Algo va mal

Por: Tobías Albero

captura-de-pantalla-2017-02-12-a-las-9-13-18-p-mUno no puede menos que mostrar perplejidad ante la marcha que tuvo lugar este domingo, 12 de febrero de 2017. El lema de la misma, “Respeto por México”, no deja de parecer una ironía, un sarcasmo o un mal chiste. A primera vista, seguramente la mayoría de los mexicanos nos felicitemos por el éxito de la movilización, nos abracemos por esta nueva muestra de solidaridad, nos congratulemos por esta exhibición de civilidad. Y no digo que no sea así, sólo que no es exactamente así. En este desajuste entre lo proclamado y lo percibido, se abre una grieta a la disidencia que nada tiene que ver con juzgar el sentido y el significado de la marcha, pero sí con que el lema resulte cuando menos convincente. Las palabras importan y, desde luego, incumben a los sentimientos que aglutinan y desencadenan. Si no recuerdo mal, la marcha se fraguó en un programa, cómo no, de TELEVISA, al que asistieron en condición de contertulios, entre otros, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda y Rubén Aguilar, aderezado con los comentarios siempre incisivos y pertinentes de los periodistas Joaquín López Dóriga, Denisse Maerker y el infaltable reportero de la guerra de Iraq en el Desierto de los Leones, Carlos Loret de Mola. A excepción de Castañeda, el resto de los reunidos no dudó en avalar la iniciativa de Krauze quien, en respuesta a las decisiones de Donald Trump, propuso una marcha de la sociedad civil mexicana en su contra, como demostración patria del rechazo a sus decretos y decisiones. Al mismo tiempo, Peña Nieto y Videgaray exigían tres meses para preparar una estrategia que contrarrestara el embate del Presidente de EEUU. A su vez, Videgaray no para de viajar a Washington en donde es recibido día sí y día también con un nuevo desplante por parte de Trump, a pesar de que se toma sus margaritas con Jared Kushner. De manera que si Videgaray acude solícito a la Casa Blanca de allá para tomarse unos margaritas, inmune a las descalificaciones con las que le recibe Trump; Peña Nieto necesita tres meses (podrían haber sido tres años o quince) para proponer una estrategia que haga frente a las políticas “antimexicanas” del magnate; TELEVISA conjetura que una marcha de la sociedad civil es la mejor manera de exhibir el rechazo nacional frente al multimillonario, que más tarde es adoptada por algunas organizaciones ciudadanas no sin diferencias y reclamos entre ellas; algo pasa con el respeto.

¿De verdad es Trump quien ha perdido el respeto a México? ¿No parece, más bien, que tanto el presidente del país como algunos miembros de su Gabinete, así como figuras públicas y medios de comunicación relevantes, son los que le han perdido el respeto, si alguna vez lo tuvieron, hacia México? ¿No convendría ordenar la casa primero y luego reclamar ese respeto a los de afuera? ¿No nos merecemos los mexicanos que entre nosotros nos tratemos con respeto? ¿Puede el Presidente de la Casa Blanca de aquí, Ayotzinapa, Javier Duarte, Padrés, etcétera, pedir la unidad del país? ¿Es moral invocar la unidad nacional cuando sus políticas han desmantelado el estado de derecho, han dividido al país, han erosionado la igualdad de los mexicanos, han promovido la corrupción y la impunidad? ¿Tiene autoridad Videgaray para apelar al sentimiento patrio después de haber elevado la deuda en un 50% del PIB, después de no dar respuesta a las acusaciones de corrupción por su casa de Malinalco? ¿Puede pedir respeto Aguilar Camín a Donald Trump cuando Julio Scherer García denunció los miles de millones de pesos que Carlos Salinas había desviado para reflotar Nexos (La terca memoria, Grijalbo, México, 2007, pp. 207-2016)? ¿Es creíble que Krauze espolee el orgullo nacional desde TELEVISA con la que comercia con los documentales de CLÍO? ¿Lo es que TELEVISA lo haga después de haber impuesto a Peña Nieto y de tratar de hacer lo propio en suelo nacional con Hillary Clinton? ¿No es sospechoso que Jorge Castañeda de repente esté dedicando tanta atención a las medidas migratorias de Trump, toda vez que renunció a su puesto de Canciller en el sexenio de Fox desde donde a lo mejor hubiera podido hacer más por los paisanos de lo que puede hacer ahora?

            Es curioso que súbitamente tanta gente pida respeto cuando pocas veces han demostrado ese mismo respeto hacia sus conciudadanos. Por lo menos, Trump muestra respeto a sus electores al cumplir con sus promesas de campaña. Otra cosa es que aquí ese programa no nos merezca respeto alguno. Pero a Donald Trump lo votaron los estadounidenses por esas promesas, de manera que el hecho de que desaparezca Trump en modo alguno supone que desaparezca el conflicto. El problema no reside en Trump, sino en la sociedad norteamericana que le ha votado. En México tenemos todo el derecho de manifestarnos en contra de lo que queramos, también en contra de la elección de un pueblo soberano. Lo cual, en realidad, no hace sino exponer la gravedad de la situación que no se reduce ni a un hombre ni a un nombre. Pero sobre todo exhibe la profunda incoherencia de México. Quizás la paradoja ilumine algo más, la imposibilidad para sostener una tesitura nacional del todo intolerable, algo que sería sin duda la mejor noticia. Acaso esta marcha sea sólo el principio de otras por venir, congruentes y leales con México, en donde el respeto sea exigible para todos los ciudadanos y no una excusa o un pretexto que beneficie intereses personales, en que el respeto sea finalmente respetado.

Trump y tweets

Por: Tobías Albero

trumpTodo indica que el problema no reside en que haya tontos, ni siquiera en que haya muchos tontos, sino en que éstos quieren el poder e, incluso, en que ya lo han asaltado. Llamar tonto a Trump es un lugar común, otra cosa es que lo sea. Las dudas que me surgen no son tanto en descalificar al multimillonario, sino a los muchos paralizados ante una actitud tan previsible como predecible. Desde luego, en el actual desconcierto no es menor el abuso de twitter por parte del mandatario y, desde luego, la manera de recibir sus mensajes. Sin el uso de esta herramienta, no dudo de que las advertencias y amenazas se recibirían de otro modo, porque ciento cuarenta caracteres sólo permiten o el imperativo o la descalificación. Así, la recepción de los tweets de Trump sólo pueden recibirse como bravuconadas y las reacciones que suscitan son recíprocas al tono y al sentido de la amenaza que comunican. Excesivo es casi todo lo que se transmite por esta red social y, en consecuencia, desproporcionadas son las reacciones que genera. El conflicto quizás no está originado tanto en la impronta fascista de los mensajes como en un medio inseparable de actitudes autoritarias. De manera que a lo mejor habría que desterrar twitter y otras redes sociales para la comunicación, en este caso, entre políticos y ciudadanos. Siendo esto significativo de nuestra sociedad, peor me parece que Trump haya impuesto su manera de relacionarse sin que haya recibido la negativa a la hora de utilizar tal herramienta por parte de aquellos con los que se comunica. Se dice que la diplomacia es un arte, perfeccionado a lo largo de los siglos e inseparable del progreso, sujeto a normas y reglas para evitar situaciones como las que ha desencadenado el twitter de Trump. También hay algo más, si Trump ha podido comprobar que un tweet es capaz de generar aquello mismo que pretende, nada más lógico que lo siga utilizando toda vez que no ha recibido críticas ni en la Casa Blanca de allá, ni por parte de ninguna otra instancia. El autoritarismo del Presidente de EEUU, en lugar de remitir, aumentará necesariamente, puesto que twitter se ha convertido en su rostro. Ignoro si éste es o no un matón, pero sí lo es el Trump de Twitter. La persona es rehén de su personaje. A pocos se escapa lo que sucede cuando un individuo abdica de sí mismo para servir a su personaje. No parece que haya marcha atrás, pero a lo mejor pueden establecerse las condiciones mínimas para que cada estupidez que este sujeto envía no provoque un terremoto.

              Se dice con razón que Trump es un bully. Y así se comporta. Sólo hay que reparar en cómo ha tratado a Enrique Peña Nieto durante esta semana. Lo curioso es que al propio Peña Nieto parece gustarle. De otra manera no se entienden las reiteradas concesiones del Presidente mexicano a su homólogo gringo. No es que llegue tarde y mal, es que se pone de pechito. En la actuación de Peña hay como un desconcierto, como una confusión, como un enajenamiento frente a todo lo que llega de Trump y lo que siempre llegan son sus tweets. Resulta bizarro que en este lío en que únicamente una de las partes aparece extraviada no haya contestado por el mismo medio a ninguna de las provocaciones. A lo mejor es porque Peña Nieto es consciente de las limitaciones de la red social, o acaso se deba a la perplejidad que nace de que ésta se haya convertido en el Diario Oficial del gobierno de EEUU, o quizás a que le cuesta entender que para Trump no hay otro vehículo de comunicación. Sea como sea, ni twitter es un medio oficial, ni tampoco nadie debería sentirse aludido cuando la información relevante se transmite así. Entre otras cosas porque supone una discriminación más: la de los ciudadanos que no usan redes sociales frente a las que las utilizan. En este caso, además, existe una violación a la libertad individual puesto que nadie tiene el deber de utilizar las redes.

            Frente al autoritarismo indiscutible de Trump, afinado por medio de twitter, hay quizás algo más que contribuye al desconcierto y que resulta inseparable del lenguaje. La salida del TLC o su revisión, la política contra los migrantes, la construcción del muro, no son amenazas o provocaciones o chantajes, son promesas legítimas de campaña, las mismas por las que fue elegido presidente de EEUU; es decir, por las que ganó a su rival. Podemos estar en desacuerdo con tales promesas, pero son las que aparecen en su programa, de manera que va siendo hora de que se llamen a las cosas por su nombre porque es la única manera de enfrentarlas con claridad. En todo acto de comunicación es necesario un emisor y un receptor; en el caso entre Trump y Peña Nieto aparece siempre un emisor, Trump, y un receptor, Peña Nieto, quien cuando decide presentarse como emisor no encuentra respuesta. Habría que recomendarle al presidente mexicano que repasara los elementos que intervienen en la comunicación porque el problema no reside únicamente en el mensaje, ni siquiera es el factor fundamental.