Algo va mal

Por: Tobías Albero

captura-de-pantalla-2017-02-12-a-las-9-13-18-p-mUno no puede menos que mostrar perplejidad ante la marcha que tuvo lugar este domingo, 12 de febrero de 2017. El lema de la misma, “Respeto por México”, no deja de parecer una ironía, un sarcasmo o un mal chiste. A primera vista, seguramente la mayoría de los mexicanos nos felicitemos por el éxito de la movilización, nos abracemos por esta nueva muestra de solidaridad, nos congratulemos por esta exhibición de civilidad. Y no digo que no sea así, sólo que no es exactamente así. En este desajuste entre lo proclamado y lo percibido, se abre una grieta a la disidencia que nada tiene que ver con juzgar el sentido y el significado de la marcha, pero sí con que el lema resulte cuando menos convincente. Las palabras importan y, desde luego, incumben a los sentimientos que aglutinan y desencadenan. Si no recuerdo mal, la marcha se fraguó en un programa, cómo no, de TELEVISA, al que asistieron en condición de contertulios, entre otros, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda y Rubén Aguilar, aderezado con los comentarios siempre incisivos y pertinentes de los periodistas Joaquín López Dóriga, Denisse Maerker y el infaltable reportero de la guerra de Iraq en el Desierto de los Leones, Carlos Loret de Mola. A excepción de Castañeda, el resto de los reunidos no dudó en avalar la iniciativa de Krauze quien, en respuesta a las decisiones de Donald Trump, propuso una marcha de la sociedad civil mexicana en su contra, como demostración patria del rechazo a sus decretos y decisiones. Al mismo tiempo, Peña Nieto y Videgaray exigían tres meses para preparar una estrategia que contrarrestara el embate del Presidente de EEUU. A su vez, Videgaray no para de viajar a Washington en donde es recibido día sí y día también con un nuevo desplante por parte de Trump, a pesar de que se toma sus margaritas con Jared Kushner. De manera que si Videgaray acude solícito a la Casa Blanca de allá para tomarse unos margaritas, inmune a las descalificaciones con las que le recibe Trump; Peña Nieto necesita tres meses (podrían haber sido tres años o quince) para proponer una estrategia que haga frente a las políticas “antimexicanas” del magnate; TELEVISA conjetura que una marcha de la sociedad civil es la mejor manera de exhibir el rechazo nacional frente al multimillonario, que más tarde es adoptada por algunas organizaciones ciudadanas no sin diferencias y reclamos entre ellas; algo pasa con el respeto.

¿De verdad es Trump quien ha perdido el respeto a México? ¿No parece, más bien, que tanto el presidente del país como algunos miembros de su Gabinete, así como figuras públicas y medios de comunicación relevantes, son los que le han perdido el respeto, si alguna vez lo tuvieron, hacia México? ¿No convendría ordenar la casa primero y luego reclamar ese respeto a los de afuera? ¿No nos merecemos los mexicanos que entre nosotros nos tratemos con respeto? ¿Puede el Presidente de la Casa Blanca de aquí, Ayotzinapa, Javier Duarte, Padrés, etcétera, pedir la unidad del país? ¿Es moral invocar la unidad nacional cuando sus políticas han desmantelado el estado de derecho, han dividido al país, han erosionado la igualdad de los mexicanos, han promovido la corrupción y la impunidad? ¿Tiene autoridad Videgaray para apelar al sentimiento patrio después de haber elevado la deuda en un 50% del PIB, después de no dar respuesta a las acusaciones de corrupción por su casa de Malinalco? ¿Puede pedir respeto Aguilar Camín a Donald Trump cuando Julio Scherer García denunció los miles de millones de pesos que Carlos Salinas había desviado para reflotar Nexos (La terca memoria, Grijalbo, México, 2007, pp. 207-2016)? ¿Es creíble que Krauze espolee el orgullo nacional desde TELEVISA con la que comercia con los documentales de CLÍO? ¿Lo es que TELEVISA lo haga después de haber impuesto a Peña Nieto y de tratar de hacer lo propio en suelo nacional con Hillary Clinton? ¿No es sospechoso que Jorge Castañeda de repente esté dedicando tanta atención a las medidas migratorias de Trump, toda vez que renunció a su puesto de Canciller en el sexenio de Fox desde donde a lo mejor hubiera podido hacer más por los paisanos de lo que puede hacer ahora?

            Es curioso que súbitamente tanta gente pida respeto cuando pocas veces han demostrado ese mismo respeto hacia sus conciudadanos. Por lo menos, Trump muestra respeto a sus electores al cumplir con sus promesas de campaña. Otra cosa es que aquí ese programa no nos merezca respeto alguno. Pero a Donald Trump lo votaron los estadounidenses por esas promesas, de manera que el hecho de que desaparezca Trump en modo alguno supone que desaparezca el conflicto. El problema no reside en Trump, sino en la sociedad norteamericana que le ha votado. En México tenemos todo el derecho de manifestarnos en contra de lo que queramos, también en contra de la elección de un pueblo soberano. Lo cual, en realidad, no hace sino exponer la gravedad de la situación que no se reduce ni a un hombre ni a un nombre. Pero sobre todo exhibe la profunda incoherencia de México. Quizás la paradoja ilumine algo más, la imposibilidad para sostener una tesitura nacional del todo intolerable, algo que sería sin duda la mejor noticia. Acaso esta marcha sea sólo el principio de otras por venir, congruentes y leales con México, en donde el respeto sea exigible para todos los ciudadanos y no una excusa o un pretexto que beneficie intereses personales, en que el respeto sea finalmente respetado.

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