Chumel Torres en San Luis

 

Por: Ernesto Sánchez

Captura de pantalla 2017-02-19 a las 12.54.12 p.m..pngCuando me ofrecieron un par de boletos para ir a ver a Chumel Torres, pregunté ¿quién? Eso les puede dar una pequeña idea de dos cosas: lo poco que sé de temas y personas de actualidad y la perspectiva que este comentario irá desarrollando. Lo primero es algo de lo que seguido hablo con orgullo; estar desconectado, hasta cierto punto, brinda tranquilidad. El barullo que las redes emiten respecto a este o aquel tema a veces es sobrecogedor o ridículo, más cuando todo el ruido gira en torno a una persona, pues creo fervientemente que las personas, a pesar del puesto que ocupen, están impregnadas de la irrelevancia fundamental que todos compartimos; sin embargo, las ideas que declaran, sugieren o defienden pueden trascender con una fuerza que los excede, y repercuten de manera drástica en la sociedad. Éstas, tal vez, fueran dignas de discusión si no fuera porque las redes sirven más para denostar y escrotear[1] que para argumentar y pensar.

            “Es un youtuber”, me respondieron, “te va a gustar”. Yo, que de youtubers no tengo la más remota idea y cada que me recomiendan uno me dan ganas de que un meteorito ajusticie a la humanidad, respondí que debía consultarlo con mi novia. En realidad no le pregunté nada a ella, pero sí le pregunté a mis hermanos, quienes son más versados en los temas del ciberespacio. Me respondieron lo mismo, que era un youtuber, y también me recomendaron que fuera, que me iba a gustar. Esto ya me intrigaba un poco, pues o es evidente que mis gustos han decaído drásticamente o bien en realidad me iba a gustar el tal Chumel. Y como ahora estoy pasando por uno de los momentos más difíciles de mi existencia, alejado (voluntariamente, aunque no lo crean) del alcohol, decidí que no se puede perder más en la vida y acepté los boletos.

            Llegué a la Cineteca de San Luis Potosí faltando 5 minutos para las ocho, hora en que se supone empezaba el show. Había quedado de llegar media hora antes para que me entregaran los boletos, pero como sí llevé a mi novia no lo logré, pues para ella la puntualidad de mis citas es una trivialidad. No le reclamé nada, como ella tampoco sabía quién era Chumel Torres, estaba seguro que iba convencida, porque yo la invité, de que sería un espectáculo aburridísimo.

          En la entrada, mi buen amigo, como siempre, estaba rodeado de personas y sólo tuvo un momento para darme un abrazo y entregarme los boletos. Me dio unos de arriba, aunque por Whatsapp me había dicho que me tocaba abajo. No le dije nada, mi confesión de no saber quién era el Chumel me había ganado esos asientos. En realidad tampoco me importaba.

        Cuando subimos, me di cuenta lo solo que estaba el segundo piso. Mierda, pensé, tal vez sí hubiera sido un error venir. Mi chava se sentó con una cara de “a dónde me trajiste” y movía sus brazos como si estuviera practicando cortarse las venas. Me ofrecí, como el caballero que soy, a comprarle unas palomitas. Dijo que sí, así que le pedí dinero, porque soy un caballero, pero mis finanzas no me respaldan. Me lo dio, con una mueca de “encima de todo”, y me alejé rápidamente antes de que pudiera decir algo.

         Me fui a formar a la fila de los snacks, y me sorprendí al ver que las taquillas se estaban llenando y la antesala estaba repleta de gente que compraba camisas y libros. Me saqué de onda por la fama del tal Chumel, que a final de cuentas era un youtuber, pero me dio gusto saber que la gente apenas llegaba, eso indicaba que igual no sería un fracaso total. Cuando regresé a nuestros asientos la parte de arriba ya se veía tupidita; abajo ni se diga. Sí, uno que otro hueco aquí y allá, pero nada relevante.

       Ya se acercaba la tercera llamada, que venía anunciada con maldiciones y sabe qué otras cosas más, porque no se entendía ni madres del sonido. Mi chava me dijo que igual así sería toda la presentación, y yo crucé los dedos esperando que no. No hace mucho fuimos al circo Atayde, y al cabrón presentador nunca se le entendió nada, terminamos sospechando que lo hacía a propósito, pues dijera lo que dijera siempre le aplaudían: la magia del circo.

         Cuando por fin salió el tal Chumel ya daban casi las 8:30, y yo ya estaba arrepentido de mi decisión del viernes abstemio, pero no pasaron más de 3 minutos para que su monólogo, que se entendía perfectamente, me hiciera cambiar de parecer.

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        Ah cabrón, ¿quién es este vato? Nos tenía doblados de risa, pero estaba hablando de… ¿¡política!? Y que Peña Nieto esto y que el Peje “lindurita” aquello. Todos estaban botados de la risa. De repente se escuchaba alguien que no regulaba su ataque y eso sólo provocaba que la hilaridad se multiplicara. Cuando volteé a ver a mi chava, y descubrí que lágrima que le escurría por la mejilla no era de decepción, me alegré bastante; mi racha de embarrarla había terminado. Esa fue la primera parte del monólogo que presentó el tal Chumel.

        Responder a la pregunta, que tanto me asechó desde que me ofrecieron los boletos, sobre quién era el dichoso Chumel fue el tema de la segunda parte del monólogo. Con un tono más serio, pero no por eso menos entretenido, Chumel Torres platicó sobre su arribo a la fama en Twitter; su primera aparición en televisión nacional y el desencanto que sentía por los medios, sobre todo por la falta de rigor en los noticieros; su carrera de ingeniero ¿mecánico?, ¿mecatrónico?, ¿importa?, y el abandono de ésta por seguir un sueño que se veía lejano y poco probable en los medios efímeros del ciberespacio con la creación de El Pulso de la República, espacio donde él daría las noticias con un toque de humor, y por último habló de cómo la idea pegó, youtuber estrella, ofertas de canales de televisión y el hit: HBO.

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        En esta segunda parte Chumel hizo referencia a Steven Colbert y Jon Stewart como sagaces visores de la política estadounidense, y como modelos a seguir. Yo pensaba que también estaban Conan O`Brien y Bill Maher, pues son cuatro personajes que sigo regularmente para darme una idea de lo que pasa en Estados Unidos. Teniendo esto en cuenta, la perspectiva con que Chumel se asumía dentro del sector de noticias, no me sorprendió; desde hace tiempo soy de la creencia que para acceder a una sociedad tan viciada por los medios “ordinarios” hay que emplear medios alternativos como el humor, pues el humor, como la historia puede comprobar, tiene la virtud de entretener y atrapar al público por medio de la risa al mismo tiempo que devela verdades que de otra manera serían difíciles de asimilar. Quién más sino Ponchito, personaje que encarna el genio Andrés Bustamante, para hacer una entrevista con preguntas mordaces que cualquier otro no sería capaz de formular. Éste es es el ideal de Chumel, alto pero alcanzable.

          Es decir, si quieren reír pueden seguir a Chumel Torres, y si quieren noticias, también. El chiste, como repetidas veces dijo Chumel, es ser crítico ante lo que se recibe; no sólo con lo que él presenta, si no con todo. He ahí la única posibilidad de un cambio. He ahí la única posibilidad de salvación.

        No cabe duda de que hay experiencias que te regala la casualidad. Los boletos para el viernes así me llegaron. Ahora hay que esperar que en Encuadra: emprende en entretenimiento, responsables por traer a Chumel, sigan con la visión de promocionar actividades que atraigan a ese auditorio que muchas veces, como yo, está convencido de que las opciones están agotadas. Esta experiencia, por lo menos, me ha persuadido a seguir a un youtuber, ya veré si logra ser como aquellos que dice admirar.

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[1] A pesar de no estar incluida en el DRAE, la palabra escrotear (de la cual me atribuyo la invención) resume cabalmente una de las actividades más practicadas en México (y seguramente en todos los países del mundo) pues asegura con una efectividad lamentable el subir el peldaño social o laboral; en otros contextos, le dicen a esta acción: chupar los huevos.

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