La era del mal agüero en la poesía de Aldo Revfaulknest

 

ellas han aprendido que : en esta guerra no hay trébol

el azar : es una metáfora ciega

que en la esquina de este mundo / cuando todo se acabe

: sólo se pesarán las lágrimas

& ni siquiera las prostitutas del PAPA / querrán salvarse

esto

es de mal agüero

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El poema es la realización de la poesía. Esto es de conocimiento común. Surge de algún lugar impreciso, como la mediumnidad. Pero el poeta, como un agente activo, coloca la palabra en la plataforma del movimiento, de la revelación y de la verdad.

Hace unos días, sentí un temblor en la Ciudad de México. Algunas señoras de la edad de los suspiros (alrededor de los cincuenta años), lloraban en el andén del metro Múzquiz, en la periferia de Ecatepec. Yo me sentí tranquilo, aunque sí noté, con extrañeza, que la gente a mi alrededor mostraba todas las caras posibles y todas las reacciones existentes. Por allá, la señora de los suspiros intentaba tranquilizarse con lágrimas en los ojos; por allí, algunos atisbando las estructuras del andén, en previsión de un hipotético desplome. Días después, ya en mi trabajo, nos impartieron un curso sobre primeros auxilios. Uno de los conferencistas señaló un detalle que apunté inmediatamente: el comportamiento humano pierde la calma con facilidad ante lo inusual. Yo interpreté “lo inusual” precisamente como lo desconocido. Y en ese momento lo desconocido era el movimiento telúrico.

              Como poeta, Aldo Revfaulknest se enfrenta con su poesía no a lo desconocido, sino a lo que no se quiere conocer. Y por esta misma razón forma necesariamente parte de lo desconocido, porque se elige no conocerlo.

           En algún momento de nuestra supuesta historia occidental, al poeta se le concibió como el intérprete de los dioses o el revelador de imágenes que serían puestas, posteriormente, al servicio del hombre. Pero esa revelación, ¿necesariamente tendría que ajustarse a nuestros arquetipos o daguerrotipos mentales del mundo? No lo creo así obligatoriamente. El poeta devuelve una imagen a los demás, pero probablemente esa imagen no sólo no se acomode a nuestro mundo, sino que le devuelve al hombre una verdad incómoda o inaccesible, como dije en este caso, por elección personal. La poesía de Revfaulknest incomoda porque detrás de su aparente hermetismo, y por encima de su notoria musicalidad y de su acústica, subyace una indudable carga de tremenda humanidad.  Nos revela en cuanto seres humamos.

            Una humanidad deformada, si uno quiere, pero llena de colores, formas, ecos de lo que alguna vez posiblemente fueran milagros, y ahora sólo son burdos títeres o imágenes imprecisas, mutantes, ridículas, poliformes. En una palabra: poliédricas Y es ahí cuando el poema se hace videncia.

            Los poemas de Revfaulknest son concientes de su tiempo. Son poemas que se incendian con las llamas de su propia realización. Por eso quizá incomoden a poetas de otros talantes, que buscan en estos versos la confirmación de lo que ellos no han podido (o querido) conocer, ni pueden, por supuesto, escribir. De esos poetas que escriben con el corazón o con las tripas, o con el cerebro o de la patada; Revfaulknest escribe con los ojos. Pero se aducirá: todos los poetas escriben con los ojos. Supongo que sí, aunque la mirada de este poeta embriagado ve el mundo desde la plataforma del mal agüero, en su intento paradójico por encontrar el milagro perdido.

         Ve con los ojos una realidad metafórica, donde intenta rescatar lo mejor, si esto es posible, desde las entrañas de la decadencia. Y una vez ahí, entrega lo que ha encontrado y apuesta por el futuro: seremos niños del irisado mañana/tornasoles del verbo enterrado en el búnker/niños brotados tréboles/ entre escombros de juguetes/seremos Artaud con devota heteromancia/viendo arrobados desde los árboles/caer relámpagos del alba.

            Esta búsqueda, tan propia de Revfaulknest (cuyos poemas apuntan a la brevedad) no intenta congraciarse con nadie. Él no busca la complacencia, ni siquiera la apropiación o el rechazo. Sus poemas muestran. Ofrecen. Entregan el resultado de un combate limpio cara a cara con la vida; frente a frente con la muerte (simbólica, sobre todo), e ignoro con cuántas cosas más. Busca en las cantinas (mirando de soslayo la sombra, por no decir el fantasma, del ex cónsul británico de Quauhnáhuac); en la música (de Chac mool, banda donde se inició el chamán Jorge Reyes, al apóstol del rock, Arturo Meza); en la actitud del propio poeta ante la vida (no existe el yo lírico: es de carne y hueso) o en la modalidad poliédrica de la ciudad de Guanajuato. Es también el resultado del ejercicio de descender a los infiernos personales, y como dijo el sabio don Juan Matus a Carlos Castaneda, traer trofeos o regalos. Uno de estos trofeos es la confección del poema, y por ende, de su propia revelación. Revfaulknest es un vidente que ve y escribe; que inscribe y revela; que suscribe y proscribe y al final entrega. Nada más. Y nada menos. Y esto es bastante.

2

Rescato a continuación tres puntos que me son útiles para aperturar los poemas de Aldo Revfaulknest.

  1. El poema se escribe desde el movimiento.
  2. La sensación, o la seguridad acaso, de que el poema es un estado de captación de lo poliforme o una ejecución de la videncia.
  3. Que la única verdad posible, aunque me incomode o me duela reconocerlo, está en la realidad poética.

       Si el poema, me queda claro, es la realización de la poesía, esto implicaría, ciertamente, que la poesía no es propiamente una escritura, sino lo que permite la realización de esa escritura. La poesía sería la verdad de la realidad del mundo. Una realidad y una verdad, naturalmente, imprecisas, como toda realidad y toda verdad que se precie de ser humana.

         Existe un fenómeno mental, toco el tema ahora, en que la mente humana se esfuerza por ajustar los hechos a la modalidad histórica de su propia conciencia. Esto, naturalmente, nos exime de explicar todos los fenómenos existentes en el mundo. Llámense sociales, culturales, históricos, tecnológicos, suprafísicos, físicos, mentales, y otros. En otras palabras, yo ajusto mi mente a lo que quiero ver, saber, pensar sobre la realidad y sobre el mundo. Al hacer esto asumo la responsabilidad de no tener que explicarlo todo, pero me basta con estar en paz con el mundo que he construido; con el mundo que me ha tocado vivir; con mi propia verdad.

         Puedo agregar, con justicia, que esto constituye la receta perfecta para no movernos. En el primer tomo de la saga de Stephen King, La Torre Oscura, una idea se repite a lo largo de sus páginas: el mundo se ha movido. Cuando King, como autor, o cuando el narrador, como instancia independiente, repite, con el mismo entusiasmo, la premisa de que el mundo se ha movido, o de que el mundo se movió (nunca que el mundo se mueve, sino que se movió: en tiempo pasado) inscribe la paradoja de la especie humana en el aquí y el ahora de su propio tiempo. Primer punto: a los poderosos de todas las épocas, ¿les convino alguna vez que el mundo se moviera? ¿Les convino alguna vez que el mundo se saliera de su lugar, y que, como una moneda o una pastilla diminuta sobre una mesa reclinada, dejara su lugar de origen y se deslizara hacia la zona de lo desconocido? ¿Querían que las cosas cambiaran? Lo dudo mucho. Todo el mundo protege su mundo con la fuerza y el ánimo y la voluntad que pueda, le convenga o le corresponda. Así entonces, ¿no es natural que cuando el mundo se mueve, como en el terremoto de la Ciudad de México, saque de sus zonas de confort a quienes les toca experimentar dicho fenómeno telúrico?

            El mundo del mal agüero en la poesía de Revfaulknest es justamente eso: asunción del mal agüero. Revelación de las cicatrices del mundo contemporáneo. Por eso hace uso del anacronismo, por ejemplo: el cinismo de Diógenes se opaca/en el dije plateado de una rubia nazi; la desmitificación de las instituciones hegemónicas: anestesiado por religiones extranjeras/observa una idónea patria en un spot de televisión; o sinceramente la actual cobardía del poeta mexicano incapaz de sumergirse (de ser posible esto) en el abismo de sus propios infiernos personales: cría poetas & te plagiaran los versos. Todo esto es resultado de un mundo que se ha movido, que se mueve y tira para abajo. La era del mal agüero. Donde todo parece subrayar sus propias inconsistencias. Donde nadie tiene miedo de hacer el ridículo o atenerse a la estupidez, sino que la presume y con creces.

            Aquí hay una cosa literal y otra no. Lo literal es que innegablemente el mundo se mueve y se ha movido: terremotos, huracanes, mareas, lluvias torrenciales, linchamientos, secuestros (físicos y mentales), revoluciones, guerras civiles, suicidios colectivos, etcétera; lo metafórico es que el mundo también se mueve, y esta metáfora, producto de la videncia de dicha movilidad, se alcanza, digo yo, en la poesía. Y de ahí construye su verdad. Y ésta se alcanza, para ser preciso, en el poema, mejor dicho. El poema en concreto no alcanza, si es un buen poema, el lugar de las imperturbabilidades. Es movimiento puro. En el caso de los poemas de Revfaulknest el movimiento está implícito desde el título: Rapsodia poliédrica de fúnebre narcisismo. Rapsodia: movimiento musical, banda sonora; poliédrica: movimiento de las formas, de las distintas y múltiples caras que puede tener un mismo objeto mirado desde tal o cual ángulo; y fúnebre narcisismo, harakiri, el movimiento de la espada que va directo al ombligo: la máscara polifacética.

            Segundo punto: el poema como estado de captación de lo poliforme o ejecución de la videncia. Desde luego, los poemas de Revfaulknest, al asumir su condición metafórica de fúnebre narcisismo, ya comparten su objetivo: la revelación poliforme del logos humano. El narciso es el ego. El narcisista el que por bandera se iza a sí mismo. ¿Cómo es esta revelación? ¿Cómo los poemas de Revfaulknest van a escribir y a inscribir la naturaleza poliforme del comportamiento humano? Si lo logró el poeta, es algo que ya no me preocupa, y sería inútil de mi parte defenderlo. Por suerte, es el lector, siempre, el que dispone del punto final después del punto final de todos los puntos finales (o puntos y comas o puntos y seguidos o puntos y aparte) de la vida. Di tú si los poemas de Revfaulknest merecen el apelativo de reveladores del poliforme mundo del comportamiento humano. Del uno mismo. Yo, para ser justos, dejo dos ejemplos: 1) bohemios se carcajean hasta el hastío/los niños malos aprenden y emulan/los ancianos contemplan la paranoia/los periódicos bostezan insomnio amarillista; 2) por el boulevard caminan políticos & burgueses/ acordonados a french-poodles/wachan periódicos/se enteran de noticias del búnker/se quejan de la podredumbre/de la pasión de Juana de Arco/de los maestros en la guerrilla.

            Último punto: la verdad poética como la única realidad posible. Aquí, antes de entrar al tema, quiero señalar que, por x o por y, a todos se nos exige, en algún momento de nuestras vidas, alinearnos al pensamiento del otro. Todos conspiran para hacernos parte de sí mismos. Y si no queremos formar parte de los otros, ¿qué podemos hacer para contrarrestar ese efecto y esa tendencia generalizadora tan imperante en nuestros días? Quizá y acaso la respuesta sea ésta: tenernos a nosotros mismos. Pero esto, naturalmente, es una lucha sin fin. Y dirán otros: una imposibilidad. Y dirán otros: yo me tengo a mí mismo. ¿De qué estoy hablando? No lo sé. Quizá estoy divagando. Pero lo que sí sostengo es que los demás se emperran, por decirlo así, en que les digamos que sí a todo. Sí a las reformas educativas; sí a las reformas energéticas; sí a la única religión sobre la tierra; sí al nuevo desodorante quita caspa. Sí a tu poema malito. Y así puedo continuar ad infinitum.

          Los poemas de Revfaulknest son, en este sentido, más desdeñosos. De entrada, ya no les preocupa que tú te alinees a ellos. Aunque ellos se alineen a los estridentistas, a los beatniks y sobre todo a los infrarrealistas (el eco de Mario Santiago resuena junto al de Malcolm Lowry). Pese a estas referencias, los poemas de Revfaulknest están alineados a sí mismos. A su realidad poética. A la única realidad que estos poemas conocen. Su mérito, acaso, y por todo lo demás, es que ellos persisten en su búsqueda por entregar todo lo que encuentran. El poeta es generoso. El poema entrega, sin esperar nada a cambio, la revelación de algo que los demás no ven. Y no porque se les escape. Quizá porque en realidad no exista. En este sentido, los poemas mienten de manera exquisita o dicen la verdad sin corromperse. Creer una cosa o la otra, es otra elección. El poeta es el médium revisor del comportamiento humano de cada realidad y de cada época, de este comportamiento humano poliédrico; es un revelador de la modalidad de la vida; tiempo y espacio y materia oscura.

       Rapsodia poliédrica de fúnebre narcicismo es un signo inequívoco de las realidades poliformes de nuestra época. Son poemas que no tratan de convencer a nadie. Celebro los poemas del libre mercado de las realidades múltiples de Aldo Revfaulknest. Su lucha poética ha sido limpia. Honesta. Ha sabido libar sin perder el control de la videncia. Su insistencia y su terquedad han dado frutos. Los primeros frutos del que es, con justicia, su primer libro de poemas.

         El libro de Revfaulknest juega, indefectiblemente. Juega a revelar, como he dicho, el poliforme comportamiento humano a la luz de sus propios egos o demonios personales. El mal agüero. Y como todo juego constituye en el fondo la seriedad absoluta, los lectores tenemos el acceso (mas no la clave) para jugar con la relativa certeza de que nos encontramos ante un poemario lleno de revelaciones, producto de múltiples movimientos. Y es precisamente en este movimiento donde el yo del poeta se consume, como una llama, para antes de hacerlo, alcanzar a cantar. La poesía de Revfaulknest es un canto. El canto, finalmente, de la desaparición del yo del poeta, como en mis versos favoritos: ahora viajo umbelífero/ando por ende: lírico/ando en delirio/ando en lirio/ando enirio/ando en río/ando rio/ando io (n)/ando o.

           Juegue entonces la primera y, a la vez, última revelación: el mal agüero de los poemas de Aldo Revfaulknest.

*Prólogo actualizado a Rapsodia poliédrica de fúnebre narcisismo, Aldo Revfaulknest, Ediciones La Rana, Guanajuato, México, 2015.

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