De gigantes y príncipes enanos

 

Por: Ernesto Sánchez

Captura de pantalla 2017-06-02 a la(s) 11.47.19En el mundo de las letras hay escritores que se encuentran a la sombra de gigantes. Es cierto, muchas veces es porque su obra no llega a la altura impuesta por aquellos que suenan en las discotecas literarias a intervalos ininterrumpidos; sin embargo, en otras ocasiones pasan desapercibidos porque de una u otra forma la atención de la crítica tiende a enaltecer figuras hasta el punto de la idolatría y deja a un lado a esas otras que nacen a su lados. Esto provoca que, a fuerza de los años, estos últimos se vayan retrayendo en los recovecos de las biografías y los epistolarios, haciendo de sus nombres casi un enigma para el público, ese titán adormecido, menos conocedor y a merced de lo que dictan y aprueban algunas autoridades. Por eso, hay pequeñas joyas literarias cuyo destino es cubrirse de polvo en los anaqueles de las bibliotecas; ahí, en ese espacio donde el tiempo y el olvido cobran las tarifas más altas.

            A pesar de ello, hay quien prefiere hurgar con pico y pala en las túneles de la historia en busca de chispas de ingenio. Así, sólo así, te encuentras con obras como las de Mariano Silva y Aceves (1887-1937), el michoacano que perteneció a uno de los grupos de élite de la historia de la literatura mexicana junto a figuras emblemáticas como José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso y Alfonso Reyes. Es decir poco que Silva y Aceves convivió entre gigantes, de esos cuya labor ha sido suficiente para ocupar a generaciones y generaciones de lectores e investigadores. Personajes que, a pesar de los esfuerzos descomunales de especialistas y recursos federales, escribieron tanto que todavía hoy, casi a una centena de años, no se pueden recopilar sus obras completas, pues siguen apareciendo aquí y allá nuevas pesquisas, cartas, recetas o listas de supermercado.

            Pero para el curioso como yo, las figuras que se mantienen en la periferia tienen una relevancia fundamental, pues si hay algo que admiro es la modestia; la brevedad, tanto en la vida como en la escritura, creo que es una de las cualidades más fundamentales, pero tal vez la menos apreciada por esta cultura sumergida en los excesos.

            Como Julio Torri, la obra de Mariano Silva y Aceves está contenida en menos de quinientas páginas. Como el primero, el segundo apuesta por construcciones pequeñas y bien ornamentadas. Escritor que cuida el detalle y pule y repule las esquinas de sus escritos hasta dar con la cadencia y el tono anhelados. Sus libros nacen en esa época de conflicto militar que azotó el suelo mexicano a principios del siglo XX, pero sólo para transportar al lector a lugares lejanos. Publicó sólo cinco libros, que juegan entre el aforismo y la estampa, entre el cuento y el ensayo. Y si es un enano, es un príncipe enano.

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