Jorge Castañeda y plagio

 

Por: Tobías Albero

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El miércoles 31 de mayo de 2017, Jorge Castañeda tituló su colaboración en El Financiero, “Trump y plagio” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/trump-y-plagio.html). Imagino que en respuesta a su artículo anterior aparecido el lunes 29 del mismo mes, “La renuncia (de Trump)” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/la-renuncia-de-trump.html), alguien descubrió que se trataba de un plagio, motivo por el que decidió disculparse ante los lectores o eso parece. La hechura del artículo es una verdadera joya que justamente reconoce aquello que pretende negar; una escritura al servicio de la vergüenza de quien ha sido pillado en falta, en lugar de una disculpa sincera. El comentarista y excandidato a la Presidencia de la República que ahora apoya al Macron mexicano, Ríos Piter, consigna diversas modalidades de plagio que se saca alegremente de la manga. En lo referente a su colaboración, la ubica en el tercer tipo del que dice: “al redactar mi artículo anterior sobre la posible renuncia de Trump, no me percaté de que en Project Syndicate, un sitio donde publico desde hace más de diez años, Bernard-Henri Lévy escribió algo muy parecido unos días antes”  (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/trump-y-plagio.html). Desde luego, el avezado articulista no deja pasar la oportunidad de medirse intelectualmente con el autor plagiado: “No había yo leído el trabajo de Lévy, a quien no conozco pero cuya obra he ojeado, pero debí haberlo hecho. Somos hasta cierto punto colegas, escribimos en este caso sobre el mismo tema en el mismo medio, tenemos conocidos en común…” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/trump-y-plagio.html). Es decir, a pesar de que Castañeda plagia al francés, en su opinión no hubo plagio puesto que el “cuatismo” lo absuelve. Sobresalta el falaz posibilismo de “debí haberlo hecho” o, dicho de otro modo, “tuve que haber leído la aportación de Lévy antes de redactar mi texto”. Sin embargo, las coincidencias entre un texto y otro parecen indicar que Castañeda leyó previamente a Lévy; lo que no hizo fue referirlo en su artículo. Pero Castañeda va más allá al declarar que “nadie lee a nadie en México” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/trump-y-plagio.html). En lo personal, considero que en esta afirmación reside el meollo de la cuestión: si nadie lee a nadie en México, cómo se va a leer lo que se publica afuera. Pero resulta que sí hay quien lee, incluso, aquello que se publica fuera del país. Sin duda, alguien leyó la contribución de Bernard-Henri Lévy y ese mismo alguien leyó el plagio de Castañeda y, a su vez, posiblemente, escribió una carta denunciando este proceder a los directores de El Financiero para que éstos le solicitaran a Castañeda disculpas públicas: “Misión cumplida, con una disculpa a los lectores por no hacer bien mi trabajo, a Manuel Arroyo que me lo paga muy bien, y a Enrique Quintana, responsable de lo que aquí se publica” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/trump-y-plagio.html). Que se trata de una petición de los responsables de la publicación lo delata la expresión “Misión cumplida”. Pero, ¿es posible haber cumplido esa misión cuando Castañeda niega el plagio mediante rebuscados argumentos que no hacen sino obrar en su contra? ¿Quién pide disculpas por lo que no ha hecho? Misión, que etimológicamente significa encargo, sitúa una equidistancia entre quien la solicita y quien la cumplimenta, obrando el segundo como intermediario entre el solicitante y un tercero, en este caso, el lector. Castañeda se excusa por aquello que no cometió pero a sabiendas de que el encargo presupone la perpetración el delito. Asumir la “misión” como propia (“Misión cumplida”) no deja de ser una aceptación de culpabilidad. En consecuencia, ¿por qué no asume el plagio? ¿En qué le afectaría ese reconocimiento? ¿Acaso pondría en entredicho su trabajo intelectual? No lo creo. En todo caso, ese reconocimiento podría herir su vanidad, pero por otro lado ese mismo reconocimiento sería paradójicamente una muestra de probidad, la misma que empaña con esta colaboración.

            No tengo duda alguna de que a Castañeda le pagan “muy bien” puesto que de otro modo no colaboraría; tampoco la tengo de que sus disculpas no son sinceras puesto que, en efecto, se trata de un plagio. Es cierto que las revelaciones de la semana pasada en torno a las declaraciones del exjefe de la CIA, en que implicaba al gobierno ruso en el resultado de las elecciones de EEUU, ponían de nuevo a Donald Trump en el punto de mira. Pero si atendemos a las colaboraciones anteriores de Castañeda, el repentino interés por el Presidente del país vecino es algo más que forzado: “PRI: una buena razón para ser candidato perdedor” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/pri-una-buena-razon-para-ser-candidato-perdedor.html); “Edomex: credencial del INE y tijeras” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/edomex-credencial-del-ine-y-tijeras.html); y “la alianza nonata” (http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/la-alianza-nonata.html).

            Castañeda plagia, por mucho que pida disculpas y por mucho que registre una tipología del plagio a modo que pretende encubrir la maquinación. Desde luego, no lo voy a juzgar por haber plagiado, pero me incomoda que no lo reconozca. Como dice su amigo Héctor Aguilar Camín, frente a un plagio no hay nada que decir puesto que es una evidencia. Hacerse de la vista gorda no desaparece el plagio. Es curioso cómo se encubre esta falta. Hace poco, por ejemplo, se demostró que la historiadora radicada en San Luis Potosí, María Isabel Monroy Castillo, había plagiado compulsivamente cientos de páginas durante 25 años; su respuesta ante la acusación fue que se trataba de una venganza o vendetta. Ignoro si fue o no una venganza o vendetta, pero el plagio está allí a la espera de una denuncia formal por mucho que sea una vendetta o venganza. Ahora bien, más interesante es la estrategia de nadar y guardar la ropa empleada por Castañeda. Su colaboración da a entender que, puesto que su plagio en realidad no es tal, les hace un favor a sus lectores admitiendo un error que no cometió. Sólo hay que asomarse al texto de Lévy para advertir si se trata o no de un plagio. Jorge Castañeda apela a la fe del lector en su palabra, esa misma fe que critica en André López Obrador cuando afirma que la corrupción del país desaparecerá cuando llegue a la Presidencia de la República. ¿Por qué habría que depositar la fe en uno y no en otro o en ambos?  La evidencia y la razón no se aplican de manera arbitraria ni son encomiendas circunstanciales ni privativas de nadie. En esta ocasión, evidencia y razón señalan que Castañeda plagió.

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