Detrás de la puerta

No se llamaba Efraín, era Efrén

Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

A muchos de nosotros nos habrá pasado eso de ser testigos de personajes que comparten con nosotros la edad, las inquietudes de la primera juventud; que destacan como destaca el pintito en el arroz, el zurdo entre los diestros, el rubio entre morenazos café con leche.

Barcelona nace para mí como recuerdo

Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

Llueve menos y Barcelona está más visible desde la ventana. Algo de brisa se exhala desde este balcón y la noche llega hasta los párpados. Ayer cuando llegamos, fuimos a cenar. Nos costó trabajo darnos a entender o que, al menos, nos hicieran caso. Se nos nota, eso parece, que no somos de aquí.

Qué envidiosos son los feos, dice Monsiváis

Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

«Vivir de comparaciones es un poco idiota», dice Bertrand Russell. Y ser incapaz de divertirse con “lo que sea” porque no se parece a otro “lo que sea” pudiera ser una necia condena a la infelicidad. Suscita envidia, una pasión tan universal como arraigada.

Escribir cartas

Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

Alfonso Reyes escribía cartas porque era su manera de estar cerca. En la distancia uno necesita escribir porque pareciera que se conjura la soledad o el abandono más bien, se hace mirándose a sí mismo pero siendo alguien más.

Juan Goytisolo: autobiógrafo

Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

Juan Goytisolo nació en Barcelona en 1931. Sus primeras publicaciones se dan a conocer en el periodo de la segunda posguerra.* A estos escritores se les conoció como “Hijos de la guerra”.

Silencio para pensar

Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

Suelen proponerse dudas acerca de qué es un ensayo, polémicas interminables a propósito del cauce de presentación que representa. Siento que hay algo, una cosquilla, una curiosidad, un estado de ánimo, alguna imagen, ésta o aquella anécdota…

Nuestros temores 

Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

Nos hemos negado a la vejez. Pensamos que evadirla o buscar no advertir que es un horizonte venidero basta para que no exista, como si mantenerla bajo la ley del ocultamiento le quitara ese matiz monstruoso tan propio de lo que llamamos futuro.

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